El 10 de noviembre de 1969 la televisión estaba a punto de cambiar para siempre, aunque para muchos era solo un programilla infantil más, como todos los que se emitían por aquella época. Sin embargo, Barrio Sésamo hacía algo que el resto pasaban por alto: trataba de divertir y educar al mismo tiempo, sin estar patrocinados por una marca (en aquel entonces, todos los programas infantiles tenían un patrocinio, normalmente de marcas para adultos) y con total libertad. Ahora sabemos que el experimento fue un éxito, y más de cinco décadas después todo niño del mundo puede distinguir a Elmo, Epi, Blas o el Monstruo de las Galletas (más aún después de su futuro paso a Netflix). Sin embargo, estuvo a punto de no ser así por un conflicto racial que, tristemente, aún resuena hasta nuestros días.
Netflix contra el racismo (más o menos)
Para entender la revolución que supuso Barrio Sésamo hay que volver hasta sus inicios, cuando se estrenó la serie y vio cómo el primer personaje que decía algo era de raza negra: “Sally, nunca has visto un barrio como Barrio Sésamo. Todo pasa aquí. Te va a encantar”. El programa estaba hecho por un equipo terriblemente diverso, pero en su corazón tenía la intención de ser un pequeño Harlem donde los niños pudieran salir a jugar y relacionarse. Por supuesto, no todo el mundo lo vio con buenos ojos, y no pasaron seis meses sin que alguien quisiera prohibirlo… por tratar de inculcar respeto al prójimo.
En 1969, la Comisión del Estado de Mississippi estaba formada por gente exclusivamente blanca que no entendía cómo era posible que un programa infantil les llevara la contraria, aunque fuera durante un solo instante. Y, obviamente, votaron en contra de su emisión: en la hora de Barrio Sésamo, los niños de Mississippi no podrían verlo, según uno de los miembros de la comisión, porque “Algunas personas se mostraban muy opuestas a la serie porque utilizar un reparto de niños muy integrado”. Eran otros tiempos, supongo.
La propia comisión reconoció que era su culpa, y que el estado no estaba “preparado todavía” para verlo, a pesar de que todo el mundo a su alrededor, desde educadores hasta expertos en psicología, confirmaran que no pasaba nada. El programa era un éxito, pero daba lo mismo: la decisión estaba más que tomada. De hecho, incluso otros estados se estaban preparando para cancelarlo, pero el público se volvió en su contra, y orquestó manifestaciones para que volviera a emitirse como si nada.
Los periódicos, incluso, se volvieron en contra de Mississippi, indicando que no había un lugar en todo Estados Unidos que necesitara más de Barrio Sésamo que este. Al final, y después, probablemente, de unas cuantas reuniones acaloradas, Mississippi acabó levantando la prohibición después de tan solo 22 días que demostraron que se puede soñar con un mundo mejor. Han pasado muchos años, y Barrio Sésamo sigue, luchando contra viento y marea (incluyendo las restricciones de Donald Trump), ahora educando a los chavales desde Netflix.
Curiosamente, el programa ha decidido ahora que es el momento de cambiar, y se centrará en cada episodio en una historia de 11 minutos, poniendo a los personajes en el centro. Además, tendrá un nuevo segmento animado donde podremos ver el edificio de apartamentos desde dentro, con Elmo, el Monstruo de las Galletas y el resto de marionetas preparadas para, después de tantos años, seguir educando a los más pequeños de la casa… Y a los no tan pequeños. Al fin y al cabo, Netflix también pondrá disponibles 90 horas de Barrio Sésamo vintage para un público más adulto que quiera recordar tiempos mejores. Al fin y al cabo, en un momento u otro, todos hemos vivido allí.