La era dorada de las series ya ha pasado. A pesar de que aún quedan grandes ficciones que podemos ver constantemente en streaming, la época de Breaking Bad, Juego de Tronos o House of Cards dio paso a una más oscura en la que, por más que haya más oferta que nunca, las mejores series se diluyen entre otras muchísimas que no tienen consistencia.
Pero, de vez en cuando, se estrena una serie que logra estar a la altura de las circunstancias. O que incluso supera lo que cualquiera esperaría. Este año ha ocurrido con Adolescencia y el pasado año con Mi reno de peluche. Pero en 2023 ocurrió con una apuesta algo más desconocida pero que todos citaron como un diamante a tener en cuenta: Poker Face.
Rian Johnson, desatado
Con el estreno de la segunda temporada de Poker Face, aprovechamos para recordar por qué deberíais ver cuanto antes esta joya que, aunque pasó algo desapercibida en su momento, ha enganchado a todos los que la han visto. Y sí, gran parte de la culpa la tiene Natasha Lyonne, su protagonista, a quien también conocemos por Muñeca Rusa o Orange is the new black. Pero el éxito de Poker Face va más allá.
A grandes rasgos, Poker Face podría parecer una serie “a la antigua”. Se trata de un homenaje nostálgico a los procedimentales de los 70, que recupera la estructura clásica del “mystery of the week”. Al estilo Colombo, la serie cuenta la historia de una protagonista que llega a una nueva ciudad, se topa con un crimen y lo resuelve gracias a su inigualable intuición.
Pero lo que realmente la separa del resto es su enfoque narrativo: cada episodio se cuenta desde el punto de vista del asesino antes de que Charlie Cale (Natasha Lyonne) entre en escena. Esa inversión de la fórmula le permite jugar con la tensión, la comedia y, sobre todo, con el personaje protagónico.

Rian Johnson, a quien conocemos bien gracias a la saga Puñales por la espalda y a ser el director del Episodio VIII de Star Wars (odiado por muchos, amado por más), es el mayor culpable de este éxito. Showrunner y escritor y director de varios episodios, demuestra en Poker Face su mayor virtud: es un guionista increíble.
La escritura de Johnson es ágil, juguetona y cargada de subtexto. Lejos de apostar por una gran trama general, cada episodio funciona como una pequeña joya propia; casi como una película más de Puñales por la espalda. Y, aunque no descuida una evolución emocional coherente de su protagonista, cada capítulo funciona de manera independiente, por lo cual es una serie perfecta para ir viendo de vez en cuando sin necesidad de darse largas horas de maratón.

La magia de Natasha Lyonne
Pero, por supuesto, nada de esto funcionaría sin Natasha Lyonne. Su Charlie Cale es un personaje atípico: una fugitiva con alma de justiciera, empapada de ironía, emoción y cigarrillos. Fuma como una cosaca, la verdad. La actriz mundialmente conocida por Muñeca rusa contruye aquí una especie de mezcla entre el personaje de la serie de Netflix y un detective a lo Sherlock Holmes. Es tan maravillosa como adictiva.
Además, es una antiheroína que, si bien tiene superpoderes (o, bueno, algo así), no destaca solo por eso. Aquí importa mucho más lo que pasa dentro de ella que lo que realmente es el crimen en sí. Y la manera de relacionar sus traumas internos con cada uno de los casos es maravillosa.

Por si fuera poco, Johnson se da la libertad de cambiar de tono, de género y de estética con casi cada episodio. Desde el humor negro hasta el drama o el cine de terror, aquí todo vale. Se siente, en realidad, como un parque de atracciones para que Johnson y Lyonne saquen lo mejor de sí mismos en cada ocasión. Es, casi, una antología de maravillas a lo Black Mirror.
Con la llegada de la segunda temporada, el equipo de la serie original tiene el nada desdeñable reto de igualar lo que ya han hecho. Y, si bien es complicado, lo cierto es que tienen todos los ingredientes para seguir convirtiendo a Poker Face en una de las series de la década.