La directora Kelly Reichardt presenta su nuevo filme titulado The Mastermind, ambientado en la década de 1970 y centrado en un robo de arte que sale mal en un museo. Protagonizada por Josh O’Connor como James Blaine Mooney, un criminal torpe y suburbano, la película destaca por su enfoque irónico sobre el género de películas de robos, alejándose de las expectativas típicas y ofreciendo en su lugar una profunda reflexión sobre la vida del fugitivo.
Una película con todos los mimbres para arrasar
La trama sigue a Mooney, quien, entre trabajos como arquitecto y su vida familiar, planea robar cuatro pinturas de una galería. Sin embargo, su mal plan se descompone cuando uno de sus cómplices se retira y debe recurrir a un criminal más experimentado, lo que desencadena una serie de eventos desastrosos. Aunque la primera mitad del filme es emocionante, con un ritmo sorprendentemente ágil cortesía de la música de Rob Mazurek, la segunda parte se adentra en un viaje melancólico que explora la psique de un hombre en fuga y el descontento social de la época, particularmente en el contexto de la Guerra de Vietnam.
O’Connor ofrece una actuación magnética, capturando la lucha interna de su personaje entre su vida privilegiada y sus decisiones egoístas. A medida que la historia avanza, el espectador se encuentra ante un dilema moral complicado, sintiendo empatía y, al mismo tiempo, desdén por el protagonista. Reichardt, conocida por su estilo de “cine lento”, logra equilibrar momentos de tensión con una profunda observación de los contextos sociales de la época.
En The Mastermind, Reichardt redefine el género de robos, utilizando la narrativa pausada para revelar una América melancólica, una que, aunque pertenece al pasado, resuena con los públicos contemporáneos. La película, que también ofrece un vistazo a la cultura de los años 70, promete ser una adición intrigante al canon del cine de autor estadounidense.