La nueva película de la saga Predator, titulada Predator: Badlands, ha generado controversia debido a su clasificación PG-13, convirtiéndose en la primera entrega de la franquicia en no estar clasificada como R (mayores de 18 años). Esta decisión, que implica una notable reducción en la violencia y el lenguaje fuerte característicos de la serie, ha dejado descontentos a muchos seguidores que esperaban la experiencia visceral típica de las producciones anteriores, que han sido un festival de gore y acción.
Una franquicia conocida por su violencia sin violencia
Desde su estreno en 1978, la franquicia Predator ha ofrecido experiencias que apelan al público mayor de 18 años, con cintas que exploraban la violencia extrema y el horror. Incluso la más reciente entrega animada, Predator: Asesino de asesinos, continuó esta tradición. Sin embargo, la nueva dirección en Predator: Badlands ha suscitado comparaciones con decisiones de otras industrias de entretenimiento donde se ha intentado suavizar el contenido para lograr una mayor audiencia, como en el caso del videojuego Carmageddon, que cambió el color de la sangre para eludir una clasificación más restrictiva.
El productor de la película, Ben Rosenblatt, ha defendido la decisión de bajar la clasificación en una entrevista, explicando que la historia transcurre en un futuro distante, lo que puede influir en la forma en que se presenta la violencia y el tono general de la narrativa dentro del universo de Predator y Alien. Esta elección creativa ha llevado a algunos a cuestionar si el público podrá aceptar una versión más moderada de la saga. A la espera de su estreno, los fanáticos se preguntan si la película logrará capturar la esencia de lo que ha hecho a Predator un clásico del cine de acción y terror.