Netflix ha vuelto a lograr la atención de su público más místico y oscuro con la segunda temporada de Vientos Oscuros, serie original de AMC que ha escalado rápidamente al Top 10 de la plataforma, consolidando así su éxito tras la anterior tanda de episodios. Desde su atmósfera inquietante hasta sus locos giros de guión, la serie se ha convertido en una obra de culto para los fans del crimen y el misterio.
Vientos Oscuros es una producción de Graham Roland, guionista y productor estadounidense conocido por su trabajo en series como Lost y Jack Ryan. Basada en las novelas de misterio de Tony Hillerman, sigue las investigaciones de los policías navajos Joe Leaphorn y Jim Chee. Para que os hagáis una idea, el famoso actor y director Robert Redford y George R.R. Martin son productores ejecutivos de la serie. Pero ¿por qué funciona tan bien?
Twin Peaks meets Juego de Tronos
Vientos Oscuros nos sitúa en en un pequeño y remoto pueblo azotado por una serie de crímenes sin resolver. Desde el primer episodio, la serie busca sumergirte en un mundo más parecido a Twin Peaks que a cualquier otra serie, en la que nada es lo que parece y todos parecen tener secretos ocultos.
Poco a poco, los misterios se van acumulando y las revelaciones se desdoblan a un ritmo cuidadosamente medido, manteniendo la tensión a cada minuto y sin dar un respiro al público. Ya en la primera temporada, los vuelcos generados en los últimos episodios convierten a todo lo que has visto antes en algo completamente distinto de lo que creías. Y en la segunda temporada, todo se vuelve más grande y peligroso.

A través de nuevos personajes y nuevos secretos que se ocultan bajo la superficie del pueblo, cada episodio de la segunda temporada está lleno de giros y situaciones límite. Es de esas series, en definitiva, que no puedes intentar adivinar: los guionistas están por encima de ti, y lo saben a la perfección.
Pocas series de Netflix consiguen transmitir la atmósfera de Vientos Oscuros. Desde los paisajes sombríos hasta la iluminación tenue y los efectos de sonido inquietantes, todo en la serie está diseñado para crear una sensación constante de malestar. Además, la dirección de fotografía aprovecha al máximo la locación rural, convirtiendo el entorno natural en un personaje más de la historia… y uno nada agradable, he de decir.

Además, como bien deja claro el sello de George R.R. Martin en la producción, los personajes no son héroes ni villanos, sino personajes grises llenos de defectos, miedos y deseos. Quien esperabas que fuera el salvador termina siendo lo contrario, y viceversa, pero todo siguiendo una narrativa estricta que desvela lo necesario en cada momento. Temas como el racismo, el trauma, la venganza o la redención se tocan de una forma sublime que solo las grandes series consiguen. Y, a pesar de que baja el ritmo en algunos episodios y hay muchas escenas de diálogos que no parecen llevarte a ninguna parte, incluso en ellas el elenco consigue brillar con luz propia.
Y es que en el reparto tenemos a actores como Zahn McClarnon (Joe Leaphorn), Kiowa Gordon (Jim Chee), Jessica Matten (Bernadette Manuelito), Deanna Allison (Emma Leaphorn) o Rainn Wilson (Devoted Dan). Todos ellos actores reconocidos de gran prestigio que consiguen llevar a sus personajes a un nivel superior de lo que se esperaba. Desde la socarronería de Wilson hasta la oscuridad de McClarnon, todos parecen componer un puzle muy complejo que poco a poco se va desvelando. Y es que en esa comisaría nada es lo que parece.