OpenAI ha formalizado un acuerdo para implementar sus modelos de inteligencia artificial en las redes clasificadas del Pentágono, descrito como una “colaboración segura y productiva” por su CEO, Sam Altman. Este contrato establece un marco de protección que incluye supervisión humana y controles técnicos, garantizando que OpenAI mantenga el control sobre la seguridad de su tecnología al trabajar con datos sensibles.
OpenAI no tiene problemas con los derechos humanos
Entre las directrices del acuerdo, se prohíbe el uso de la IA para vigilancia masiva y la decisión autónoma de ataques letales. Estas restricciones se han instituido para abordar importantes preocupaciones éticas y asegurar que siempre haya responsabilidad humana en decisiones críticas. OpenAI también ha enfatizado que cualquier incumplimiento por parte del Gobierno podría llevar a la suspensión del servicio, aunque no anticipa que esto ocurra.
La implementación de la inteligencia artificial se llevará a cabo a través de una nube gubernamental clasificada, permitiendo así una centralización de permisos y auditorías. Este enfoque es parte de un esfuerzo mayor del Pentágono por diversificar sus colaboradores tecnológicos, luego de experiencias previas que generaron riesgos de suministro relacionados con acuerdos fallidos, como el caso de Anthropic durante la administración Trump.
Este cambio representa una transformación notable en la percepción de la IA, que pasa de ser considerada una herramienta de oficina a una parte integral de la infraestructura de defensa de los Estados Unidos, lo cual conlleva un peso político significativo. OpenAI, consciente de la tensión ética en este contexto, busca equilibrar sus compromisos con la seguridad nacional mientras mantiene su imagen pública en medio de un debate activo sobre vigilancia y decisiones autónomas.
Además, OpenAI está en busca de financiación privada, con expectativas de rondas que podrían alcanzar hasta 93.000 millones de euros y una valoración potencial que supera los 700.000 millones de euros. La transparencia en el acuerdo, resaltando las “líneas rojas” establecidas, apunta a demostrar que se ha planificado cuidadosamente esta colaboración.