Allá por 2009, con la saga Halo en pleno momento de gloria y su tercera parte habiendo aparecido tan solo dos años antes, Bungie decidió estrenar por todo lo alto un juego completamente distinto a todo lo que se esperaba de la saga: un spin-off titulado Halo Wars que, casi de inmediato, causó consternación y separó a los fans entre los que apreciaban el intento de hacer algo distinto y los que exigían Halo 4. Y entre todos, en general, la misma queja: ¿Dónde demonios estaba el Jefe Maestro? ¿Es que Bungie se había olvidado de él? Bueno. No exactamente.
Vaya jefazo
Hoy hemos sabido, después de 15 años de conjeturas, que no fue un olvido por parte del estudio, sino que fue una decisión tomada de manera absolutamente consciente. “No queríamos usar al Jefe Maestro. Necesitábamos que te preocupases de todos los demás. Creímos que en el momento que el Jefe Maestro hiciera su aparición, la gente no se iba a preocupar de nada más“. Y no le falta razón, desde luego.
Y no, desde luego, no fue fácil hacer un juego como este. De hecho, se preguntaron varias veces cómo convertir su FPS en un juego de estrategia en tiempo real, y cómo hacer que los Spartans no fueran, necesariamente, la mejor unidad: “Nuestro desafío era hacer que fueran una opción igual respecto al resto de unidades. Eso es lo que es un juego de estrategia”.
Por supuesto, el Jefe Maestro volvió después en más juegos de los que somos capaces de citar (y formó parte del declive inequívoco de la saga, que desde Halo Infinite permanece parada), pero, aunque en su momento tuviera una reacción algo fría, Halo Wars también acabó teniendo una secuela y dando la razón al equipo tras él. Al fin y al cabo, ¿quién necesita al Jefe Maestro para hacer un juegazo?