El cierre de Stranger Things ha suscitado un intenso debate debido al destino de su protagonista, Eleven, interpretada por Millie Bobby Brown. A lo largo de cinco temporadas, la serie ha cultivado una narrativa centrada en los lazos de amistad y la familia elegida, destacando cómo un grupo de niños abandonados se unió para sobrevivir. Sin embargo, el desenlace de la serie ha devuelto a Eleven a un estado de soledad aguda, dejando a muchos espectadores con un sabor amargo.
Eleven merecía más
En el clímax de la trama, Eleven se convierte en mártir, sacrificando su bienestar por el futuro de sus amigos. Esta elección, aunque coherente desde la perspectiva narrativa, ha intensificado las críticas hacia la falta de un desenlace positivo para su personaje. Ross Duffer, uno de los creadores de la serie, ha admitido que fue un desafío narrar la decisión de Eleven, que, según él, estaba prevista desde el principio. A pesar de reconocer el trauma infantil de Eleven, el final no ofrece un futuro constructivo ni reparador.
El contraste es evidente cuando se compara su cierre con el de los otros personajes, quienes culminan sus arcos de manera positiva y esperanzadora. Mientras sus compañeros avanzan y cierran ciclos, Eleven queda atrapada en una ambigüedad que se siente cruelmente familiar. La serie ofrece una exploración sobre la carga emocional y la presión que enfrenta, especialmente reflejada en su responsabilidad de cuidar de otros niños, a pesar de su propio sufrimiento.
El debate sobre el manejo del trauma y la falta de opciones para Eleven se evidencia en un enfrentamiento entre Hopper y Kali, donde se enfrentan diferentes perspectivas sobre el dolor y la sanación. Sin embargo, Eleven sigue siendo responsable de la protección de aquellos que la rodean, lo que resalta la preocupante repetición de su trauma. En definitiva, mientras Stranger Things cierra con emoción y cuidado por sus personajes, el destino de Eleven deja una pregunta inquietante sobre la justicia narrativa en su viaje.