David Lynch ha muerto. Esto es una pérdida irreparable para el cine mundial. Pocos genios creativos tan curiosos, expansivos y enamorados de la vida y el cine ha habido como el norteamericano. Siempre manteniéndose fresco, interesado por lo que ocurría en el mundo y con una actitud positiva, traía al mundo una mirada diferente que era siempre apreciada entre el público. Especialmente en unos tiempos en los que parece que un genio como el suyo es imposible. Al menos no en Estados Unidos. Desde luego que no en Hollywood.
Por eso duele tanto su pérdida. Porque no sólo le perdemos a él, perdemos toda una manera de ver cine. De mirar al mundo. Una que parece que ya nunca podrá volver al mainstream. El gran mérito de Lynch es haber conseguido ser, de alguna manera, cultura popular sin comprometer nunca su manera de mirar. Y eso hoy parece imposible.
Esa es la razón por la que, acabado este pequeño obituario, vamos a celebrarlo, no entristecernos. Él hubiera querido que siguiéramos adelante y que viéramos las cosas positivas, no las negativas, porque además siempre considero que un mañana mejor siempre estaba en el horizonte. Y mientras llega, te vamos a ofrecer un gran plan para homenajear al gran maestro del cine que fue Lynch: una serie de películas que ver este fin de semana para celebrar su obra y su vida. Aunque una no es una película. Y no, no hemos metido Twin Peaks. Porque ni dedicando todo el fin de semana llegarías a acabarla.
Eraserhead
Estrenada en 1977, este será el debut de David Lynch y probablemente la película más extraña, espeluznante e impenetrable de su carrera. Inspirado por Franz Kafka y Nikolai Gogol, la película está rodada enteramente en blanco y negro, toda la música está compuesta por el propio Lynch y todo está inmerso en un aura de surrealismo y terror impenetrable que la hace fascinante.
¿De qué trata Eraserhead? Sobre una persona llamada Henry Spencer cuya novia, Mary X, le invita a cenar a casa de sus padres. A partir de ese punto, todo se trastoca en un extraño marasmo de pesadilla, psicodelia y terror donde más que miedo, lo que nos hace sentir es ansiedad. Y con buenos motivos. Nunca se nos aclara exactamente lo que está ocurriendo o porqué o cuál es la lógica de los acontecimientos. Y eso es exactamente lo que pretendía Lynch. Algo que hace de Eraserhead una película fascinante a la que hay que entrar con la mente abierta y dispuesto a dejarse avasallar.
Terciopelo azul
David Lynch intentaría convertirse en un director comercial tras Eraserhead con dos películas de éxito moderado, pero donde encontraría su verdadera voz es en su cuarta película: Terciopelo Azul. Un neo-noir con aires de thriller que le juntaría por primera vez con los que acabarían siendo sus mayores actores fetiche: Kyle MacLachlan, Dennis Hopper, Laura Dern y Hope Lange. Para mucha gente, esta película es el punto medio entre Eraserhead y Twin Peaks. Pero es mucho, muchísimo más que eso.
Profundamente erótica, profundizando en el simbolismo y las características psicológicas de su cine, es una película fascinante que consigue mantenernos con los ojos pegados a la pantalla por lo fascinante y desconcertante de sus sucesos. Funcionan a la perfección como thriller comercial, pero también como película experimental y como neo-noir, es una de las películas más sensuales de Lynch y, probablemente, una de las mejores películas de misterio de la historia de Hollywood.
Carretera Perdida
Ninguna película se ha ganado nunca la categoría de título de culto como Carretera Perdida. Un drama inclasificable donde, intentar explicar siquiera su trama, resulta imposible. Comienza con Fred Madison, un saxofonista de Los Ángeles, recibiendo un mensaje en su casa: Dick Lauren está muerto. A partir de ahí, se apilan sueños extraños, personas que están en dos sitios al mismo tiempo, visiones inexplicables y la consciencia de que algo está mal. Y de algún modo, su evidente descenso hacia la locura formula algo que se sitúa firmemente entre el drama y el thriller con una elegancia de la cual sólo es capaz Lynch.
Decir que Carretera Perdida es la mejor película de David Lynch es atrevido. Pero lo que es seguro es que es la mejor película para empezar a ver a David Lynch. Todos los implicados están sobresalientes, toda su extrañeza está perfectamente integrada en una trama (muy) relativamente convencional y la banda sonora no es menos que excelente. Haciendo que sea la puerta de entrada perfecta al particular universo de este genio americano.
Hotel Room
Si estás leyendo esto es posible que ya conozcas a David Lynch de antes. Por eso hemos querido tirar una bola curva y ofrecer también una de sus obras menos conocidas, que no por ello menos interesantes que aquellas que se vienen a la mente de todo el mundo. Por eso hemos elegido Hotel Room, una antología dramática sobre un hotel llamado Railroad Hotel, de sólo tres episodios, con una particularidad: cada episodio transcurre en la misma habitación, en una época diferente.
Con los episodios transcurriendo en 1969, 1992 y 1936, toda la gracia está ahí. Que siempre ocurre en la habitación 603 del Railroad Hotel. Y que por alguna razón el botones y la criada son los mismos en todas las épocas. Algo que, en palabras del propio Lynch, busca representar cierta verdad esencial que sólo se encuentra en el hecho de encontrarse en un espacio que no cambio transitado por diferentes personas en diferentes épocas. Una joya a reivindicar, esta Hotel Room.
Mulholland Drive
Si algo le gustaba a Lynch era el neo-noir. Algo que demostró en Mulholland Drive, una película absolutamente fascinante e impenetrable que parte de lo que parece una de las cosas más mundanas que pueden pasar: un accidente de coches. Salvo porque en realidad en uno de los coches había una mujer que iba a ser disparada por su chofer, que es la única superviviente del coche, tiene amnesia, y ahora toda la película trata de ella intentando averiguar cómo ha llegado hasta esa situación. En una historia absolutamente fascinante.
En manos de cualquier otro, Mulholland Drive hubiera sido un desastre. En manos de David Lynch, es una obra maestra. Algo que demuestra algo evidente: no existen ideas o conceptos malos, solo artistas insuficientes. A eso ayuda también una Naomi Watts absolutamente increíble, como no podría ser de otro modo, pero Mulholland Drive es la demostración de todo lo que era David Lynch y lo que se siente que hoy no puede ser Hollywood incluso siquierasa: un artista capaz de todo. Y por eso, lo echaremos tanto de menos.