El Exorcista, estrenada en 1973, revolucionó el cine de terror y se consolidó como un fenómeno cultural global. Dirigida por William Friedkin, la historia de una niña poseída, Regan MacNeil, no solo logró asustar a la audiencia, sino que generó múltiples leyendas urbanas relacionadas con su producción y proyección. En un contexto en el que el satanismo estaba de moda, la película trascendió su lenguaje cinematográfico para convertirse en un material de culto.
Un fotograma que parece confirmar su naturaleza demoniaca
Uno de los aspectos más intrigantes de El Exorcista es el fotograma en el que el rostro de Regan parece transformarse en una criatura demoníaca. Este efecto, ligado al demonio Pazuzu, se atribuyó a técnicas de montaje subliminal que Friedkin utilizó en algunas secuencias, generando debates entre cinéfilos y estudiosos. La leyenda sugiere que en ciertas proyecciones algunos espectadores llegaron a ver esta transformación, lo que ha alimentado la percepción de la película como “maldita”.
Además de los rumores sobre accidentes y eventos extraños durante el rodaje, que incluyeron graves lesiones de algunos actores, historias de espectadores que se desmayaban y vomitaban al ver la película se hicieron populares. Se dice que algunos cines tenían ambulancias en espera ante la posibilidad de incidentes, lo que contribuyó a alimentar el aura de maldición en torno a la obra.
A pesar de la serie de supersticiones, expertos como el profesor Henry Ansgar Kelly han enfatizado la importancia de distinguir entre la realidad y la ficción, recordando que la historia en la que se basa El Exorcista proviene de un caso real en 1949 y no incluía los eventos sobrenaturales dramatizados en la película. A medida que se cumplen cinco décadas de su estreno, El Exorcista sigue siendo un referente ineludible en el cine de terror y un ejemplo de cómo las leyendas urbanas pueden intensificar la fascinación por una obra cinematográfica.
