Los asesinatos de Hwaseong, un atroceso que marcó a Corea del Sur, sirvieron de inspiración para Memories of Murder, una obra maestra del cineasta Bong Joon Ho. Entre 1986 y 1991, nueve mujeres fueron violadas y asesinadas en la provincia de Gyeonggi, y el autor de estos horrendos crímenes nunca fue capturado en su momento, convirtiéndose en uno de los casos más infames en la historia del país. La película, estrenada en 2003, no solo narra los crímenes, sino que también critica la ineficacia del sistema policial, que recurrió a métodos violentos y desmedidos en su desesperación por resolver el caso.
Unos sucesos terroríficos para una película excepcional
La narrativa de Bong es especialmente crítica hacia una sociedad impotente que observa cómo la policía actúa con torpeza ante el horror. La desesperación se hace palpable en las interacciones de los agentes, quienes parecen perder el rumbo ante la frustración de la situación. El desenlace de la película, donde el agente interpretado por Song Kang-ho se dirige a la audiencia, ofrece una mirada acusatoria no sólo al asesino, sino también al público, insinuando su complicidad en una narrativa sombría.
El misterio se ahonda aún más al saberse que, en 2019, Lee Choon-jae confesó ser el responsable de los crímenes, confirmando la visión de Bong sobre la conexión entre el asesino y la película. Sin embargo, Lee fue condenado a cadena perpetua por un crimen posterior, debido a que la prescripción de los delitos originales impidió su juicio por los asesinatos de Hwaseong. Esta situación pone de manifiesto las debilidades del sistema judicial, que no pudo rendir justicia a las víctimas del pasado.
El legado de Memories of Murder solo se ha engrandecido desde la confesión de Lee, y la inquietante coincidencia de su aspecto físico con el del asesino en la película añade un velo premonitorio a la historia. La película, más que un thriller, se revela como un estudio crítico de la sociedad, siguiendo la línea de la obra de Bong Joon Ho.