La carrera de Chris Pratt es, por qué no decirlo de manera abierta, decepcionante. Saltó a la fama como el divertido Andy Dwyer de Parks and recreation, solo para terminar su andadura yendo al gimnasio, convirtiéndose en un superhombre (literalmente) y dejando la comedia a un lado, centrado exclusivamente en el cine de acción y la ciencia-ficción más chusca. No, no es un adjetivo puesto al azar: te invito a ver Estado Eléctrico y Sin Piedad, a ver si tras la experiencia eres capaz de ponerle otro. Sin embargo, en 2013 su carrera apuntaba a ser muy distinta. Ese año, de hecho, consiguió algo casi imposible: hacer una de las mejores y una de las peores películas del siglo. Tiene mérito.
Aprattados en el ascensor
Puede que no recuerdes Movie 43, y no seré yo quien te culpe. La película es una colección de sketches lo más grotescos posibles en la que sale toda la plana mayor de Hollywood, por algún motivo, desde Hugh Jackman hasta Richard Gere pasando por Halle Berry y Kirsten Dunst, dirigidos por hasta 15 directores y directoras de la talla de James Gunn o Bob Odenkirk. Con este plantel uno podría imaginar que la cosa va a ser una comedia increíble… hasta que ves a Jackman con dos testículos colgando de la barbilla o una mujer comida por un tiburón mientras tiene la regla. Cosas de 2013.
El sketch protagonizado por Chris Pratt junto a su entonces esposa Anna Faris trataba sobre una chica que le revela a su novio que es coprófila y quiere que él defeque encima de ella en la cama. Él se toma un laxante y quiere acabar lo antes posible, lo que hace que ella se enfade y se marche de casa: él es atropellado por un coche y empieza a… eh… “evacuar” por todos los sitios. Él, cubierto con sus propios excrementos, le pide matrimonio, y ella acepta diciendo que es lo más bonito que ha visto. Este es el nivel, vaya. Ew.
Movie 43 fue un éxito de taquilla, pero pasó a la historia como una de las películas más asquerosas de la historia del cine. Curiosamente, casi un año después (de enero a diciembre) se estrenó otra película con Chris Pratt que, esta sí, es una auténtica joya que enmarcar: Her. Sí, todos nos acordamos de Joaquin Phoenix y de la voz de Scarlett Johansson como la IA de la que se enamoraba su personaje, pero Pratt también tenía un buen papel secundario. La película dio menos dinero que Movie 43 (las cosas, como son) pero pasó a la historia como una joya contemporánea que en tiempos de ChatGPT merece la pena retomar: lo que antes era ciencia-ficción, ahora es el pan de cada día.
El año siguiente, coincidiendo con el final de Parks and Rec, Pratt protagonizó Guardianes de la Galaxia y puso voz al personaje principal de La LEGO Película, convirtiéndole inmediatamente en el niño mimado de Hollywood. En 2015, Jurassic World hizo que su cara estuviera, definitivamente, en todos los sitios. Pocos quisieron indagar y descubrir que dos años antes había estado cubierto de excrementos en la película más salvaje, probablemente, del siglo. Y es una pena, porque lo más interesante de su filmografía está al principio, cuando se atrevió a salir en cosas como Jennifer’s Body, Zero Dark Thirty o Moneyball. Ponerse cachas fue el inicio del fin de su carisma… Y muchos le seguimos echando de menos. ¿Es demasiado tarde para dejar de ganar millones y preocuparse un poco más por dejar un buen legado?