Hace más de seis décadas, Cleopatra, la epicómica película protagonizada por Elizabeth Taylor, se transformó en una superproducción que cambió el rostro de Hollywood para siempre. Inicialmente concebido como un proyecto ambicioso, el filme terminó convirtiéndose en una pesadilla financiera para 20th Century Fox, acumulando costos que alcanzaron la increíble suma de 44 millones de dólares, un récord para su época. Este gasto desmesurado, parte del cual se destinó a lujosos decorados y al exorbitante salario de Taylor, llevó a la compañía al borde de la ruina.
Una historia de película
Durante la producción, Fox enfrentó numerosos contratiempos, incluidos cambios de director y retrasos por problemas de salud de Taylor, además de su conocida relación con Richard Burton, que captó la atención de los medios de comunicación. A pesar de estos obstáculos, Cleopatra se convirtió en la película más taquillera de 1963, aunque su taquilla no logró compensar los costos descomunales acumulados.
El impacto financiero de la película fue tan severo que 20th Century Fox se vio obligada a tomar decisiones drásticas para sobrevivir, incluyendo la venta de más de 180 acres de terreno en Los Ángeles, áreas que habían sido utilizadas en innumerables producciones cinematográficas. Este terreno eventualmente se transformó en Century City, un desarrollo urbanístico que ahora es un componente esencial del oeste de Los Ángeles.
La historia de Cleopatra no sólo resalta los riesgos asociados a las superproducciones en el viejo sistema de estudios de Hollywood, sino que también marca un cambio en la forma de hacer cine. Historiadores del cine destacan que esta notable debacle puede haber señalado el fin del modelo de grandes estudios, donde una única película podía definir el destino de una empresa entera. A pesar del caos generado, la película dejó un legado que influenció las futuras finanzas y producciones cinematográficas en Hollywood.