El lanzamiento de Call of Duty: Black Ops 7, programado para el 14 de noviembre, ha comenzado con desafíos significativos tras la reciente beta que mostró un bajo interés, con solo 75,594 usuarios. A pesar de que Activision alardea de la efectividad de su sistema anticheat, RICOCHET, los jugadores han expresado una fuerte disconformidad con los resultados reportados.
Donde ponen el ojo ponen el ban
Activision sostiene que RICOCHET logró detectar y expulsar al 97% de los trampas en los primeros 30 minutos de juego. Sin embargo, muchos participantes de la beta han cuestionado la veracidad de estas afirmaciones, mencionando que a pesar de los esfuerzos del sistema, todavía se encuentran con tramposos en las partidas. La empresa no niega la presencia de herramientas de terceros que son utilizadas para obtener ventaja, pero defiende la rapidez con la que su sistema puede actuar.
“Era de esperar que hubiera tramposos. Pero nuestros sistemas mejorados los detectaron más rápido que nunca”, afirmó Activision en un comunicado. A esto se añade el hecho de que menos del 1% de los intentos de hacer trampa lograron iniciar una partida, y los que lo hicieron fueron expulsados rápidamente. No obstante, el escepticismo entre los jugadores persiste, con comentarios que sugieren que las promesas de eficacia del sistema anticheat no se reflejan en su experiencia de juego.
Treyarch anunció que planean implementar mejoras en RICOCHET, incluyendo herramientas basadas en aprendizaje automático para aumentar la detección de trampas. Sin embargo, estas mejoras no estarán disponibles durante la beta, sino que se esperan para el lanzamiento oficial del juego. La situación se complica aún más por el hecho de que Activision ha cerrado más de 40 desarrolladoras y vendedoras de cheats como parte de su combate continuo contra el uso de trampas en el juego.