A día de hoy, quien más y quien menos conoce de las desventuras de Ranma Saotome, el luchador que se convierte en chica al tocar agua fría (y vuelve a convertirse en chico al mojarse con agua caliente). Su historia duró 38 tomos, que abarcaron nueve años de serialización por parte de Rumiko Takahashi, y después se adaptó en un mítico anime que ahora mismo está teniendo un fabuloso remake en Netflix. Todo el mundo parece adorar Ranma ½, incluso los que no parecen saber nada de manga y anime. Pero… no siempre fue así.
La vida es dura, hay que pelear
El 27 de marzo de 1992, Super Nintendo publica el primer juego de la historia basado en la serie, titulado Ranma ½: Chonai Gekitōhen, un título de peleas donde se enfrentarían los personajes principales de la serie: Ranma, Shampoo, Kuno, Hyoga, etcétera. El problema es que, a la hora de trasladarlo a Estados Unidos, nadie parecía entender qué demonios adaptaba ese juego rarísimo y decidieron americanizarlo. Pero nunca imaginarás hasta qué punto.
De pronto, el juego se convirtió en algo llamado… ¡Street Combat! Los skins eran puro cómic, ridículamente ultra-americanos, y se cambiaron la trama y los personajes al cien por cien. De hecho, Happosai y Cologne acabaron convertidos en el mismo personaje: Happy; Ranma fue Steven, que en lugar de mojarse y convertirse en chica, perdía la armadura; Genma era Tyrone; Kodachi se convirtió en el payaso Dozo; Kunou fue el muy americano G.I. Jim; el principal Kunou una máquina de guerra llamada Helmut; Shampoo hizo el cambio a Lita y, finalmente, Ryouga se hizo llamar CJ.
En cuanto a la historia, que trataba sobre Ranma queriendo ganar un torneo de artes marciales cuyo premio era un viaje a China para quitarse la maldición, se convirtió en algo mucho más simple: el personaje quiere ganar porque es el mejor, y ya está. Por suerte, la secuela del juego no tuvo este loco tratamiento (similar, por otro lado, a lo que pasó en su día con Super Mario Bros 2) y la saga Street Combat se olvidó en el tiempo. Desde luego, no merecía nada mejor.