Este año, el intento de Blumhouse por revitalizar a los monstruos clásicos de Universal con un enfoque de bajo presupuesto ha mostrado sus limitaciones, destacándose en particular su versión de El Hombre Lobo. Esta nueva adaptación se presenta como una antítesis a la ambiciosa película de 2010, que costó 150 millones de dólares y fue un fracaso tanto en taquilla como en crítica, recaudando apenas esa misma cantidad. A pesar de las expectativas, el relanzamiento de este icónico personaje no logró conectar con el público ni con los críticos.
Una historia icónica con un nuevo acabado
En la historia, Lawrence Talbot regresa a su pueblo natal de Blackmoor tras la trágica pérdida de su madre. Su misión es ayudar a la prometida de su hermano a encontrarle tras su misteriosa desaparición. La urgencia aumenta con la presencia de un monstruo que acecha en el bosque, provocando ataques durante las noches de luna llena. Este planteamiento lleva a Talbot a descubrir facetas inesperadas de sí mismo, en un relato que busca conjugar el terror clásico con un enfoque más contemporáneo.
Los monstruos clásicos, incluido el licántropo, han tenido frecuentes adaptaciones a lo largo del tiempo, reflejando las prioridades del cine en cada época. Desde los primeros intentos de horror en los años 30 hasta las versiones más melódicas de los 90, cada época ha interpretado estos personajes a su manera. Esta nueva El Hombre Lobo se sitúa en un periodo en el que los blockbusters comienzan a verse saturados por efectos digitales y fórmulas repetidas.
A pesar de no ser una película estelar, dirigida por Joe Johnston, mantiene una cierta artesanía cinematográfica, logrando momentos inspirados y un ritmo que evita que se convierta en algo monótono. Aunque el filme no ha alcanzado el nivel de excelencia de otros trabajos de Johnston, presenta una adecuada mezcla entre efectos y narrativa, superando en cierta medida lo que Blumhouse ha ofrecido este año. Y para estelar, aún nos queda el hombre lobo de Eggers.