Tron se estrenó tan solo 6 años después del lanzamiento de Pong, un año antes del lanzamiento de NES en Japón y de la crisis de los videojuegos. Los efectos especiales fueron definitorios de una época y, de hecho, aunque ha pasado a la historia como un fracaso, realmente supuso un pequeño éxito para Disney. El suficiente para, más de 40 años después, convertirla en una franquicia por derecho propio tras el estreno de Tron: Legacy y la actual Tron: Ares. Sin embargo, durante décadas, Tron era una pequeña obra de culto que, poco a poco, fue creciendo en el corazón de la “generación videoclub” hasta límites que nadie sospechaba en su estreno.
Qué pasa, Tron
A lo largo de los años, Tron se ha expandido de varias maneras, aunque sin sobresaturar como Star Wars o Marvel. Tuvo su serie animada en 2012 y 2013, novelas, atracciones en parques temáticos, cómics y apariciones en una veintena de videojuegos. Y esto es lo que más nos interesa porque, aunque la primera secuela oficial no llegaría hasta 2010, poniendo en orden la continuidad, ya en 2003, de manera muy ambiciosa, se lanzó una segunda parte que ya nadie recuerda y que abría nuevos caminos en la saga… que, por supuesto, se han abandonado.
Tron 2.0 fue la respuesta del mercado a la necesidad de una segunda parte de la película: veinte años después, y fuera de adaptaciones más o menos fieles, por fin pudimos continuar la historia de la mano de Monolith, el estudio que Warner ha cerrado este mismo año y que se encargó de títulos como Sombras de Mordor, F.E.A.R o The Matrix Online. Con los videojuegos a otro nivel totalmente distinto del que estaban en 1982, esta puesta al día fue fresca, novedosa e inteligente… pero tuvo un varapalo en ventas muy importante. Tanto, que incluso la mayoría de fans ya no se acuerdan de su existencia. Y deberían.
En Tron 2.0 seguíamos a Jet Bradley, el hijo de Alan Bradley, programador de ENCOM y creador del programa Tron, en sus aventuras en el interior de un ordenador. Y es que resulta que Alan es secuestrado y una IA, Ma3a, digitaliza a Jet en el interior del ordenador de su padre para salvarle. Dentro del ordenador tiene que recuperar el código fuente de una actualización de Tron llamada -ejem- Tron Legacy mientras trata de escapar de un humano digitalizado y reconvertido en virus. Lejos de limitarse a rendir fiel homenaje, Tron 2.0 planteó nuevas ideas sobre la franquicia… que fueron destrozadas muy poco después.
Durante un tiempo, Tron 2.0 fue la secuela oficial de la saga e incluso hubo una serie de cómics que continuó sus aventuras, pero en 2010 llegó Tron: Legacy, se preguntó qué demonios era eso de un videojuego y rehízo la continuidad al completo, borrándola de la existencia como un archivo mal guardado. En el juego, Lora estaba muerta en lugar de haberse ido a otro país, Glynn se había despedido de ENCOM en lugar de desaparecer en 1989, etcétera. En el canon de Tron: Legacy, por ejemplo, Alan nunca hubiera tenido siquiera a Jet. Y así, todas sus novedosas ideas se esfumaron y Disney controló cada nueva pieza del lore, haciéndolo más coherente, sí, pero también muchísimo más aburrido.
Tron: Ares no ha hecho nada por recuperar Tron 2.0, ni tan siquiera afirmando que puede haber realidades alternativas. El juego ha quedado olvidado como una secuela maldita, que solo unos pocos recuerdan con verdadero cariño. Y es normal. Al fin y al cabo, ser fan de Tron es como serlo de un equipo de fútbol de segunda: hay que tener muchísima paciencia para alegrarse por sus pocos éxitos.