Hace una década, en 2014, Whiplash irrumpió en las pantallas de cine dejando una huella imborrable en la historia moderna de este arte, gracias a una historia única que relaciona arte, obsesión y poder de una forma única. Whiplash fue la primera película de Damien Chazelle, quien acto seguido ganaría el Oscar por la impactante La La Land, pero muchos consideran incluso todavía que esta fue su mejor cinta.
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Suscríbete (es GRATIS) ►Whiplash sigue la historia de Andrew Neiman (Miles Teller), un joven baterista que sueña con convertirse en uno de los grandes del jazz. Pronto, Neiman es admitido en el prestigioso conservatorio Shaffer, donde entra en la banda del temido y exigente director Terence Fletcher (J.K. Simmons), quien somete a sus estudiantes a un brutal y extremo régimen de disciplina y perfección. Bajo su dirección, Andrew se enfrenta a sus propios límites físicos y psicológicos, poniendo en juego su salud, su bienestar emocional y sus relaciones personales en pos de alcanzar la grandeza.
Una obra desgarradora
Uno de los grandes logros de Whiplash es que explora, de manera visceral, el delicado equilibrio entre la pasión artística y la obsesión destructiva. Mientras Andrew se esfuerza por alcanzar la perfección en la batería, la relación entre él y Fletcher se convierte en una batalla de voluntades. A lo largo del metraje, el espectador es testigo de un ciclo implacable de manipulación, abuso emocional y control, donde las líneas entre el mentor motivador y el tirano cruel se desdibujan. Chazelle, quien también escribió el guion, plantea una pregunta central al público: ¿hasta qué punto se puede justificar la crueldad en nombre del arte?

J.K. Simmons es especialmente valedor de esta película. El actor ejerce un papel implacable que que le valió el Oscar a mejor actor de reparto. Con su imponente presencia y su agresiva metodología de enseñanza, Fletcher es el tipo de personaje que tanto fascina como aterroriza. De hecho, su monólogo sobre la mediocridad y la grandeza se ha convertido en una de las escenas más recordadas y estudiadas del cine contemporáneo. Sin duda, su décimo aniversario es un momento perfecto para recuperar Whiplash y entender el porqué de su grandeza.