La estrella de Tabby, KIC 8462852 o Tabby’s Star, podría estar bastante más cerca de una explicación mundana gracias a un estudio nuevo que se dio a conocer en 2026. Según ese trabajo, un posible planeta gigante dentro del sistema de KIC 8462852 habría desestabilizado cometas o restos rocosos, mandando polvo y escombros justo hacia nuestra línea de visión. Eso encajaría con los famosos parpadeos irregulares de la estrella.
Lo que volvió a poner el caso sobre la mesa fue una sola señal: un tránsito observado en septiembre de 2019 y presentado años después, en 2026, en ese nuevo estudio. Aquel oscurecimiento duró unas 21 horas y cuadra con la presencia de un candidato a planeta muy grande, quizá con una masa cercana a 10 veces la de Júpiter, siempre según la investigación. Por sí solo no liquida el misterio, pero sí añade una pieza importante para entender qué está pasando en ese sistema.
KIC 8462852, más conocida como estrella de Tabby o Tabby’s Star, lleva más de diez años desconcertando tanto a astrónomos como a aficionados por sus caídas de brillo raras e imprevisibles. Un planeta corriente, al pasar por delante de su estrella, provoca una bajada pequeña y periódica. Aquí no pasó eso. KIC 8462852 mostró descensos irregulares de hasta alrededor del 22 %, de acuerdo con los datos del telescopio Kepler.
Esas caídas de brillo se detectaron en 2015 por participantes del proyecto Planet Hunters, que estaban revisando datos de Kepler. El hallazgo tardó muy poco en salir del círculo astronómico y convertirse también en un fenómeno mediático.
La fama de KIC 8462852 se disparó cuando apareció una hipótesis tan llamativa como poco probable: la de una megaestructura alienígena, algo parecido a una esfera de Dyson levantada por una civilización avanzada. El astrónomo Jason Wright mencionó esa posibilidad como una opción de probabilidad muy baja, pero bastó con eso para encender la imaginación del público.
Con el paso de las observaciones, la balanza empezó a caer del lado de las explicaciones naturales. Los oscurecimientos de KIC 8462852 bloqueaban más luz azul que roja, y esa dependencia con la longitud de onda encaja bien con la dispersión producida por polvo fino, no con una estructura sólida y opaca.
De ahí que tanto Tabetha Boyajian como otros investigadores, entre ellos el propio Jason Wright, hayan ido inclinándose por escenarios como nubes de polvo, enjambres de cometas, restos de planetesimales o incluso la destrucción de una exoluna. El caso sigue siendo extraordinario por una razón muy simple: resume bastante bien cómo funciona la ciencia de verdad. Primero aparece una anomalía detectada por ciudadanos, luego vienen años de seguimiento, y en medio queda un debate abierto que se va afinando a medida que entran datos nuevos.
Y además dejó una huella poco común en la relación entre la astronomía y el público. En 2016, una campaña de micromecenazgo reunió más de 100.000 para seguir observando la estrella. Hoy, si uno se guía por lo que plantea el estudio de 2026, todo apunta a que el misterio de la megaestructura era en realidad un rompecabezas de polvo, gravedad y dinámica planetaria. Menos cinematográfico, sí. Mucho más sólido desde el punto de vista científico. Aun así, todavía no está claro si ese posible planeta bastará para explicar por completo todos los oscurecimientos que se han observado.