Desde Selecta Play nos mandaron hace unos días un código de Ereban: Shadow Legacy, un juego que había salido en 2024 y que este abril de 2026 llegaba para nueva generación.
Tras habérmelo pasado en unos días (es un juego cortito, pero intenso) vengo a deciros qué me ha parecido este juego con sello español que, en su momento, ya gustó bastante a crítica y a público.
Las sombras son tus aliadas, abraza la oscuridad
En lo que parece un sucesor espiritual de aquel juego llamado Aragami, de 2016, Ereban: Shadow Legacy te convierte en una sombra letal capaz de fundirse con la oscuridad: el agente de sigilo definitivo.
Eso sí, el tema del sigilo es tan sencillo de aplicar desde el primer momento (la primera mecánica, fundirte en las sombras, ya rompe el juego en lo que a sigilo se refiere) que donde más brilla el título es en la parte de las plataformas, y aunque a su elenco de personajes les habría venido bien un poco más de profundidad, el mundo futurista de ciencia ficción en el que habitan está bien recreado.
Como su nombre indica, el principal atractivo de Shadow Legacy es el uso de las sombras. Juegas como Ayana, la última de los Ereban, un pueblo que posee la habilidad innata de fundirse con las sombras y manipularlas. Gracias a su habilidad para fusionarse con las sombras, Ayana puede hundirse en ellas para escabullirse entre los enemigos, trepar por las paredes y deshacerse de los cadáveres, lo que te anima a permanecer en las sombras, donde la prota es más letal.
Además de estas habilidades, Ayana cuenta con una variedad de artilugios avanzados (algunos siempre útiles, como un pulso de reconocimiento que marca enemigos y objetos a través de las paredes, mientras que otros son más situacionales, como las minas que aturden a los objetivos), que funcionan independientemente de las condiciones de iluminación, vamos, que no dependes de las sombras.
Hay una buena variedad de enemigos que quieren acabar con ella: los enemigos estándar no suponen una gran amenaza más allá de la linterna que llevan para quitarte la oscuridad, pero los francotiradores más expertos pueden detectarte desde lejos y los sigilosos droides que pueden hacerse invisibles pueden arruinarte el día si no te tomas el tiempo de buscar el destello revelador.
Y luego están los enemigos humanos, que plantean un dilema moral más que de jugabilidad: mientras que los enemigos mecánicos tipo droide que dominan cada nivel pueden ser eliminados sin reparos, asesinar a los trabajadores humanos de carne y hueso afectará negativamente a la moralidad de Ayana y a la percepción que los demás tienen de ella.
Por desgracia, la habilidad natural de Ayana para fundirse con las sombras y desplazarse sin ser vista es muy poderosa; tan poderosa, de hecho, que realmente no necesitas depender de nada más. Los enemigos tampoco son muy inteligentes, por lo que son fáciles de evitar incluso si solo te basas en la fusión con las sombras.
Esto significa que, en realidad, es bastante fácil completar todo el juego sin ser visto ni recurrir a matar a los humanos, lo que da lugar a un juego de sigilo que no ofrece suficiente oposición como para desafiarte a pensar analíticamente a la hora de sortear una amenaza.
Tampoco hay ajustes de dificultad para hacer que los enemigos sean más inteligentes o más numerosos, aunque puedes ajustar cuántas guías ambientales aparecen en cada nivel (lámparas moradas o pintura morada que te indican la dirección general en la que debes ir, por ejemplo).
Un juego que mejora cuando entran las plataformas en acción
En defensa del juego, la segunda mitad de Shadow Legacy cuenta con algunas secuencias creativas desde el punto de vista de las plataformas, con una sección en particular que me encantó por lo bien que me desafiaba y me animaba a utilizar todo lo que había aprendido hasta ese momento en una prueba trepidante.
La fusión de sombras se puede usar para salir de ellas y realizar saltos que de otro modo serían imposibles o interactuar con el entorno para resolver acertijos sencillos, habilidades que se aplican a desafíos que se vuelven cada vez más complejos a medida que avanza el juego.
Aunque Shadow Legacy no llegue a ser un gran juego de sigilo, es un buen juego de plataformas. Los elementos del entorno crean una variedad de sombras (algunas con formas extrañas, otras que se mueven y otras más que se pueden alterar) y averiguar cómo llegar a una plataforma apartada es a veces un rompecabezas en sí mismo, que se vuelve más complicado y gratificante de resolver debido al medidor de resistencia vinculado a la fusión de sombras de Ayana.
No solo tienes que averiguar qué sombras mover, seguir o saltar entre ellas, sino que, además, normalmente tienes que hacerlo en el momento oportuno.
Una historia potente, original… y que necesita más tiempo
Guiando a Ayana a través de estos desafíos hay una historia que nunca llega a tener espacio para respirar. Atrapada inicialmente por una entidad controlada por IA empeñada en usar sus poderes para algún propósito desconocido, Ayana se ve rápidamente colaborando con la resistencia que busca liberarse de la tiranía corporativa.
Ayana se muestra reacia a colaborar con ellos, ya que ha oído que no son más que terroristas, pero accede a utilizar sus habilidades únicas para ayudar con la condición de que el grupo le revele todo lo que sabe sobre el pueblo erebano.
Aquí hay algunos temas narrativos interesantes, aunque familiares, pero Shadow Legacy los aborda con prisas: Ayana se suma a la causa de la resistencia con notable rapidez, por ejemplo, a pesar de que no se le da ningún motivo para hacerlo. Y así es como va la historia en el juego, un poco “a salto de mata”.
En definitiva, como juego de sigilo, rara vez me supuso un reto, reduciendo a la protagonista, Ayana, a un personaje de un solo truco capaz de escabullirse ante cualquier objetivo con la misma habilidad. Pero como juego de plataformas, Shadow Legacy incorpora algunos rompecabezas entretenidos que se vuelven cada vez más complejos y gratificantes de superar.
Por 19,99 euros de precio oficial en la tienda de PlayStation, deberías darle una oportunidad sin duda alguna.