Marvel Studios parece haber encontrado, en los últimos años, dos caminos distintos para llevar a cabo sus películas. Por una parte están las películas originales que siguen el camino de sus primeras películas; es decir, contar historias personales con un punto de vista muy claro a la que se pueden unir algunos “colaboradores” a la fiesta. Es el caso de Shang-Chi, Guardianes de la Galaxia Vol. 3 o Black Panther II.
Mejores o peores, estas últimas películas funcionan al tener un espíritu propio que se basa en el alma de sus protagonistas. Sin embargo, el otro camino que han escogido últimamente es algo más polémico… y lamentamos que menos funcional. Este camino se basa en poner por encima de todo el cruce de personajes, normalmente a favor de la nostalgia, y buscar una historia que sirva de excusa para ello. Esto es lo que pasó con The Marvels, Spider-Man: No Way Home y ha ocurrido, obviamente, con Deadpool y Lobezno.
¡Todo al cameo!
A pesar de que en Deadpool y Lobezno el protagonista aprovecha para reírse del multiverso, los cameos y en definitiva este tipo de recursos que ha usado exageradamente Marvel Studios en los últimos años, la macarrería del protagonista no puede salvar al filme de ser un artefacto aún más pueril que los anteriores. Más allá de Lobezno, la tercera parte de Deadpool no es nada sin sus cameos… y eso hace que la película sea olvidable en cuestión de muy poco tiempo.

Al igual que ocurrió con Spider-Man: No Way Home, Deadpool y Lobezno parece tener las patas muy cortas. Evidentemente, es un taquillazo que nos hace sacar la lagrimilla nostálgica cuando lo vemos en cines. Y es que, sin hacer spoilers, sus cameos son realmente inesperados. Pero ¿podrá aguantar este filme al paso del tiempo? No creo que ninguna persona dentro de diez años entienda ni el 20% de las bromas de la película, y es que es tan meta que parece más un Saturday Night Live que una película con identidad propia.
Deadpool y Lobezno triunfa, de hecho, cuando se olvida un poco de esto. La sintonía entre los dos protagonistas, las historias personales de cada uno y la emoción de algunos momentos funcionan como un tiro, y salvan al filme de ser una desgracia. Pero la exageración de cameos excusados como homenajes, y el hecho de que todo su humor se base en ello, hace que no sea más que una película que triunfará en su estreno y se olvidará por los siglos de los siglos.