El streaming que iba a ser la alternativa a Netflix para móviles y duró medio año: la extraña historia de Quibi

2020 era el mejor año posible para lanzar un servicio de streaming: todo el mundo estaba metido en casa, deseando entretenerse de alguna manera. Por ejemplo, Disney+ aprovechó para lanzar su servicio el 24 de marzo y poco después, el 6 de abril, lo haría Quibi, una app que prometía matar a Netflix ofreciendo algo que ellos no podían: series con formato corto para ver mientras esperas al autobús o tienes cinco minutos que gastar. Porque, siendo realistas, ¿quién tiene una hora para ver Black Mirror o Stranger Things?

Quibi, no kiwi

El fundador de Quibi, Jeffrey Katzenberg, no era un Don Nadie de Hollywood, ni mucho menos: fue director de Walt Disney Studios durante diez años, fundó Dreamworks y, tras dos décadas de éxito, decidió probar con su siguiente paso seguro hacia convertirse en uno de los nombres más respetados de la industria: tener su propio servicio de streaming. “Quibi” venía de “Quick Bites” (o sea, “Bocados rápidos”) y nunca acabó de calar entre el público internacional. A pesar de que, como ha demostrado TikTok, la idea no era mala.

Todos tenemos TikTok en el bolsillo, y todos nos pasamos horas y horas haciendo scroll infinito. ¿Por qué no gastar el tiempo que gastamos viendo recetas que nunca haremos y planes de montaña a los que no nos apuntaremos… en ver series producidas por un estudio y en las que se han dejado un buen dinero? Además, con variedad de opciones: la idea de Quibi era que pudieras ver cualquier programa en vertical, pero que al cambiar de posición el móvil se ampliaran los márgenes y poder ver la misma serie en formato clásico. Y quieras que no, en pleno 2025 me sigue parecido una idea bastante increíble.

En una semana, 1.700.000 personas se bajaron Quibi y aprovecharon su periodo gratuito de 90 días, pero muy pocos (se calcula que el 8%) acabaron suscribiéndose. De hecho, un mes después del lanzamiento ya estaba en el puesto 125 de las apps más descargas de iPhone, y ya no paró de bajar, con tan solo 1.300.000 usuarios activos. ¿Y a quién echaron la culpa? Pues, por supuesto, al COVID. No les faltaba cierta razón, era una app pensada para la vida urbana en el periodo moderno de la humanidad donde más gente se ha quedado en su casa sin salir. Y claro, puestos a elegir, siempre será mejor una televisión grande con un sonido potente que averiguar lo que está pasando en tu pantallita del móvil.

Failbi

La idea original de Quibi es que solo funcionara en tu smartphone, pero pronto se dieron cuenta que, si querían tener éxito, no les quedaba otra que pivotar, y lanzaron la posibilidad de ver las series en televisión gracias a Chromecast o AirPlay, pero ya era muy tarde, Internet había hecho todos los memes posibles, nadie dio una oportunidad a su contenido original y poco a poco se fue hundiendo más y más. El 21 de octubre, tan solo medio año después de su lanzamiento, se anunció su cierre, dejando desolados a sus poco menos de 500.000 suscriptores en todo el mundo. Por hacernos una idea, Netflix tiene alrededor de 300 millones. No eran buenas cifras, no.

El 1 de diciembre, finalmente, el servicio cerró sus puertas y algunas de las series fueron compradas y emitidas por otros servicios. En su defensa, las ideas no eran malas (aunque se notaba que la producción era barata). Cosas como 50 States of Fright -que llegó a tener 2 temporadas y episodios dirigidos por el mismísimo Sam Raimi-, el reboot de El Fugitivo, una recreación episódica y desde casa de La princesa prometida, un documental sobre Kirby Jenner (la hermana de Kendall) o la temporada 7 de Reno 911! tuvieron su público. Pequeño, pero público al fin y al cabo.

De las decenas de proyectos anunciados -entre los que había, por ejemplo, una serie dirigida por Steven Spielberg– nunca más se supo. De hecho, es bastante sorprendente que, de los mil millones que se gastaron en hacer contenido original, ni un solo dólar haya servido para quedarse en la mente de la gente o en la cultura popular. Quibi llegó ofreciendo algo muy distinto y pretendiendo reinar, pero se encontró con la verdad más incómoda de todas: simplemente, no entendía nada de lo que estaba pasando a su alrededor y acabó siendo una de las víctimas más graciosas de la tiranía del streaming. ¿Habría sido distinto sin el COVID? Francamente, con una idea tan loca y TikTok siendo gratuito, es difícil imaginarlo.

Author: Randy Meeks

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