La Unión Europea ha decidido exigir a Apple el fin de sus prácticas de geobloqueo, que limitan la disponibilidad de ciertas aplicaciones y servicios en función del país en el que reside el usuario. La intención de la UE es que los usuarios europeos puedan acceder a los mismos servicios y aplicaciones, con independencia de su país de origen dentro de la región. Las exigencias, aunque sin duda bien intencionadas, ignoran décadas de acuerdos internacionales sobre derechos de distribución y licencias de contenido, y parecen carecer de un entendimiento completo de las prácticas establecidas.
El geobloqueo está ahí por algo
Antes de nada, hay que aclarar que aunque las exigencias van dirigidas a Apple, la compañía de Cupertino es una de las miles que usan estos sistemas. Las peticiones tienen, por lo tanto, un alcance muchísimo más amplio y no debería darnos la impresión en ningún momento que Apple estuviera actuando de forma diferente a la BBC, por ejemplo.
Las exigencias se dividen en tres puntos: poder usar la misma interfaz en otros países, usar tarjetas de crédito registradas en otros países y poder descargar aplicaciones no disponibles en ciertos países.
Empecemos por el primer punto: que los usuarios europeos deben poder usar la misma interfaz, independientemente del país en el que estén registrados. Un punto extremadamente ambiguo. La interfaz de las apps de Apple es prácticamente idéntico en todos los países, aunque, por supuesto hay diferencias en el contenido o en los servicios debido a restricciones legales o a los acuerdos comerciales. En el caso de Apple Music, por ejemplo, la aplicación es la misma en todo el mundo, pero el catálogo de música varía según los derechos de distribución en cada región, algo que nada tiene que ver con Apple, sino con las leyes y acuerdos que rigen la propiedad intelectual.
La segunda exigencia se refiere a la posibilidad de utilizar tarjetas de crédito o métodos de pago de otros países. Parece razonable, pero lo cierto es que las empresas deben cumplir con las normativas financieras y de seguridad de cada país, lo que complica enormemente la aceptación de pagos transnacionales. La capacidad de disponer de una forma de pago de un país concreto es, de hecho, una de las formas que las plataformas tienen para comprobar que un usuario tiene residencia o por lo menos un vínculo importante con el país en cuestión. Algo en lo que se apoya el punto anterior, pues de lo contrario más de uno usaría la versión de Netflix o Disney+ de Estados Unidos para tener un catálogo más amplio.
El tercer punto es, sin duda, el más sorprendente: la exigencia de permitir la descarga de aplicaciones de otros países. Los derechos de distribución de contenido, ya sea en forma de programas de televisión, películas o aplicaciones, están basados en acuerdos y contratos que pueden variar ampliamente de un país a otro. Hulu, la plataforma de streaming de Disney, no está en España por ejemplo, y esto es en parte posible porque Disney no ha lanzado la aplicación en el App Store español.
Esta última exigencia, quizá en apariencia sencilla, parecería querer obligar a los desarrolladores a estar presentes en mercados donde no desean operar. ¿Los motivos de esa ausencia? Pueden ser varios, pero los más habituales son la necesidad de cumplir con las leyes y requisitos de todos los países donde su aplicación esté disponible. Esto incluye cumplir con leyes de impuestos, derechos de autor y normativas de contenido que varían considerablemente entre regiones. Algo que no muchos desarrolladores quieren asumir. ¿Qué ocurre si eliminamos el geobloqueo del App Store y un desarrollador quiere que su app solo esté disponible en Francia?
Es indudable que la UE ha demostrado ser pionera en la regulación de determinadas materias, pero aquí su postura parece ignorar la realidad de un mundo donde los derechos de propiedad intelectual son tratados de manera diferente en cada territorio. Más allá de todo hay que recordar que, en Apple, tenemos la posibilidad de crear más de una cuenta de Apple y asociarlos a diferentes países o regiones.
Además, Apple permite cambiar la región o país de una cuenta de Apple siempre que se disponga de un método de pago válido para el nuevo país. Este método permite, justamente, acceder a contenidos y aplicaciones de otras regiones. Cambiar de una cuenta a otra es tan simple como dirigirse a la app Ajustes.
Como hemos empezado diciendo, la intención de la Union Europea es loable, que sea más fácil movernos entre servicios y contenidos. La forma de exigirlo, sin embargo, pidiendo a una de las miles de empresas que operan en Europa que eliminen unas restricciones que por ley deben estar en marcha, no parece el mejor camino. Mientras Google acaba de perder una de las demandas antimonopolio más largas en la Unión Europea, la conversación sobre los derechos de autor y distribución de contenido, debería pasar por una visión mucho más amplia de la situación.