Un juzgado federal de California ha dado la razón a Anthropic en su enfrentamiento a la Administración Trump. Según recogen en The Verge, la jueza Rita F. Lin considera que su designación de “riesgo para la cadena de suministro” fue una represalia contraria a la Primera Enmienda. Pero con este cambio de tornas ¿ahora qué?
El origen está en los límites militares
Para ponernos en contexto, recordemos que todo empezó cuando el Pentágono quiso ampliar sus contratos con Anthropic para permitir cualquier uso legal de la inteligencia artificial. Anthropic mantuvo aquí dos líneas rojas: la vigilancia masiva y las armas letales autónomas.
Tras la disputa, el Gobierno clasificó a Anthropic como riesgo para la cadena de suministro y avanzó en sus acuerdos con Google, Microsoft, SpaceX y, especialmente, con OpenAI.
La decisión judicial llega en un momento peculiar, pues justo nos estamos planteando cuestiones de responsabilidad mientras la IA decide, por su cuenta, atacar y acceder a servicios externos ante ciertas peticiones. El caso del ataque de ChatGPT a Hugging Face es, sin duda, el más llamativo.
¿Qué cambia a partir de ahora?
El Pentágono tiene toda libertad para elegir a sus proveedores. La sentencia, sin embargo, limita sustancialmente el alcance de las medidas que el gobierno puede tomar ante una discrepancia sobre las condiciones de contratación. Con esto, Anthropic recupera el margen de trabajar con el Gobierno manteniendo sus propias restricciones de seguridad.
En un comunicado, la empresa ha afirmado que quiere trabajar de forma productiva con el gobierno, por lo que la IA militar, en última instancia, dependerá tanto de sus propias capacidades como de las reglas que las empresas y los gobiernos puedan acordar.