Denzel Washington nunca pasa de moda, pero hay ocasiones en las que destaca por encima del resto de actores de su talla. Este es uno de esos años, puesto que todas las quinielas indican que se hará con el Oscar —o que al menos lo rozará— con su interpretación en Gladiator 2. Pero, mientras esperamos por ver qué ocurre con la película de Ridley Scott, no es mal momento para repasar algunos de los papeles más interesantes de su carrera.
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Suscríbete (es GRATIS) ►Lo cierto es que Washington va más que sobrado en Hollywood, puesto que ya tiene dos estatuillas por Glory y Training Day, además de ocho nominaciones en total. Pero hay una película que pasó sin pena ni gloria —a pesar de que le valió una nominación en 2022— y que merece la pena ver para entender toda la dimensión interpretativa de Washington: La tragedia de Macbeth.
Shakespeare ha revivido
Disponible en Apple TV+, La tragedia de Macbeth demuestra que su talento no tiene límites. En esta adaptación de la obra de Shakespeare dirigida por Joel Coen, Washington ofrece una interpretación que bien podría ser considerada la mejor de su carrera, un logro notable teniendo en cuenta su extensa y aclamada trayectoria.
La película es una adaptación moderna y estilizada de una de las tragedias más famosas del bardo inglés. Escrita y dirigida por Joel Coen —en su primer proyecto sin su hermano Ethan—, La tragedia de Macbeth conserva la esencia del texto original de Shakespeare, pero lo enmarca en una experiencia cinematográfica visualmente innovadora… que a pesar de no funcionar del todo en taquilla, sin duda sirve como experimento que merece la pena ver.

La historia sigue a Macbeth, un guerrero escocés que, tras escuchar una profecía de tres brujas que predicen que se convertirá en rey, sucumbe a la ambición y a la manipulación de su esposa, Lady Macbeth, iniciando un camino de asesinatos, paranoia y decadencia moral. Lady Macbeth, por cierto, está interpretada por una Frances McDormand increíble, que nada tiene que envidiar a Washington en su papel.
Rodada en blanco y negro, la película combina una estética minimalista y teatral con influencias del expresionismo alemán. Los decorados son abstractos, casi oníricos, y las sombras juegan un papel crucial, subrayando la tensión psicológica y el simbolismo de cada escena. Esta elección estilística no solo rinde homenaje al texto original, sino que también subraya la atemporalidad de la historia, tal y como explica su director.
Esta decisión visual también resalta la soledad de los personajes y el aislamiento que provoca el poder. Cada encuadre está cuidadosamente compuesto, desde los extensos planos generales que muestran a Macbeth en paisajes desolados hasta los primeros planos intensos que capturan sus luchas internas. Sin duda, la atmósfera es tan importante como la narrativa misma, y es lo que la destaca por encima de otras reinterpretaciones de esta historia.

En cuanto a Denzel Washington, el actor ofrece una interpretación tanto física como emocional. Coen se encarga de que capture todas las complejidades del personaje: desde su valentía inicial como guerrero leal hasta su descenso hacia la locura, la paranoia y el remordimiento. En sus momentos más poderosos, su Macbeth domina la pantalla con una presencia imponente, como cuando se enfrenta a sus enemigos o proclama sus aspiraciones al trono. Pero en los momentos más íntimos, como los soliloquios que reflejan su culpa y su miedo, su interpretación es sutil y conmovedora.
Si tienes Apple TV+, no puedes dejar pasar la oportunidad de ver este largometraje que, a pesar de no llamar demasiado la atención en su momento, es una joya que cautiva a todo cinéfilo en cuanto ve sus primeros fotogramas. Una película muy inglesa que rescata a la perfección el espíritu de Shakespeare.