Ha sido un goteo diario. Cuando Twitter fue comprada por Elon Musk y empezó a tomar decisiones erráticas, como poder ver los mensajes de la gente que has bloqueado o permitir que su red social se llenara de crispación y mensajes de extrema derecha, no fueron pocos los que acabaron marchándose con viento fresco, bien a una alternativa con relevancia menor (Mastodon, Threads, etcétera) o bien a hacer su vida online lejos de la red social. Durante un año y pico hemos vivido con la duda de cuál sería la sucesora de Twitter, pero solo ahora, cuando al fin ha llegado el éxodo masivo, hemos sabido cuál era la solución.
Azul como el cielo
Lo que funcionaba en Twitter, en sus inicios, no era la plataforma en sí, sino la gente que te encontrabas en ella. Cuando lo más que te podías encontrar era un troll o alguien aburrido que quería rebatirte. Cuando la mala gente era baneada y las conductas de odio no estaban permitidas. Cuando era un patio de recreo para la creatividad, el humor y el colegueo. Un tiempo después, se ha convertido en Mordor, un lugar en el que la gente que no querías que entrase lo ha hecho, y su mayor placer es molestarte. A ti, específicamente.
Los usuarios de Twitter de toda la vida nos sentíamos como en una cárcel en la que sigues metido porque no tienes una alternativa real: al fin y al cabo, ninguno de los otros destinos tenía la suficiente gente como para crear una comunidad real. Sin embargo, después del éxito de Donald Trump en las elecciones, con Elon Musk como su segundo a bordo, los usuarios más progresistas han decidido buscar una isla donde estar seguros en Bluesky, la plataforma creada por Jack Dorsey al marcharse de Twitter y que básicamente es como una versión primigenia de aquella red social.

Los vídeos solo pueden ser de un minuto, los gifs tienen píxeles, no hay encuestas y no puedes adjuntar fotos en los mensajes directos, pero tiene algo que va totalmente en contra de la dirección actual de Twitter: puedes bloquear listas completas de personas. En solo dos clicks, puedes asegurarte de que no leerás nada que vaya contra tus ideales y que nadie va a venir a tus comentarios a liarla. ¿Es una cámara de eco? Sí. Por supuesto. Después de lo que llevamos viviendo desde 2020, es exactamente lo que necesitamos. Un poquito de tranquilidad. Puede que haya menos gente, pero está creciendo a pasos agigantados… y se nota en la interacción.
Menos gente, más público
El algoritmo de Twitter está tan dañado que actualmente, poniendo el mismo mensaje, tienes más visualizaciones en Bluesky con un cuarto de seguidores. Dicho de otra manera: no vale de nada tener decenas de miles de followers si la interacción es nula porque la red social decide ocultar tus mensajes o mostrárselos tan solo a los que van en tu contra para fomentar el confrontamiento. Y gran parte de la gente ya se ha dado cuenta: los usuarios de Bluesky, que en julio rozaban los seis millones, ahora ya superan los 18, aumentando a un ritmo de un millón por día.

De hecho, es la aplicación más descargada en las App Stores, y todos podemos ver en nuestro conteo de seguidores de Twitter que está haciendo daño real a la otra red social, que poco a poco va bajando, casi goteando, hasta un resultado que al dueño de SpaceX le da, a estas alturas, igual. Al fin y al cabo él ya tiene lo que quería, que era un puesto en política. El resultado natural es el que todos estamos intuyendo: Bluesky y Twitter quedarán separadas por afiliación política, creando sendas cámaras de eco. Salvo unos pocos valientes gritando a la nada y otras cuentas de éxito que no quieran desembarazarse tan rápido de su ego, todo parece indicar que tendremos dos redes sociales potentes, con Threads como el remanso de Stephen King y los usuarios de Instagram.
Y sí, da pereza. Claro que da pereza. Empezar de cero no es plato de buen gusto para nadie, pero hay herramientas y extensiones que hacen que puedas encontrar a tus amigos fácilmente y volver a construir la comunidad desde cero. Puede que tardes en encontrar las cifras que tenías antaño, pero ganarás algo mucho mejor que eso: la tranquilidad mental. El saber que no hay bots, anuncios de criptomonedas ni personas que utilizan tu cara para desprestigiarte. Que no vas a perder tu trabajo por lo que diga un nombre seguido de números que claramente es una multicuenta.

De momento, Bluesky está en sus inicios, y todo el mundo se está tratando con la cordialidad esperada (y esperable). De momento no ha conocido su tope de usuarios y, más allá de los problemas con los servidores, debería prepararse para dar la bienvenida al tuitero número 20 millones. Teniendo en cuenta que Twitter tiene 586 millones de usuarios activos aún le queda mucho, pero nadie creyó que llegaría a tanto. Quién sabe, quizá solo se quede como una red social y marginal, pero es probable que vaya a más, aunque solo sea por el efecto llamada. Porque entrar como un elefante en una cacharrería tiene sus consecuencias. Y no son positivas.