La adaptación cinematográfica de La larga marcha, la novela de Stephen King publicada en 1979 bajo el seudónimo de Richard Bachman, está a la vuelta de la esquina. La productora Lionsgate se está preparando para su estreno oficial, programado para el 12 de septiembre. Sin embargo, la compañía ya ha generado revuelo al llevar a cabo un evento promocional inusual, donde los espectadores debían caminar en cintas de correr para poder ver la película en su totalidad.
Bastante para los estadounidenses, caminar normal para los europeos
El evento, realizado el pasado 30 de agosto en el Culver Theater de Los Ángeles, replicó la atmósfera de la novela, que presenta una sociedad totalitaria donde los participantes de un reality show deben caminar sin detenerse para sobrevivir. Los asistentes, equipados con cintas de correr, tuvieron que mantener un ritmo de al menos 4,8 km/h y recorrer un mínimo de 8,7 kilómetros durante la proyección que duró 1 hora y 48 minutos. Aquellos que se detuvieron eran escoltados fuera del cine, marcando un paralelismo perturbador con la narrativa del libro.
La propuesta no solo ha sido una curiosa estrategia de marketing, sino también un reto físico que los participantes han tenido que asumir para acceder a la película. La larga marcha se basa en un concepto que explora la resistencia y la lucha por la supervivencia en un mundo distópico, y esta actividad intensifica la experiencia del espectador. A medida que se acerca la fecha de estreno, la expectativa crece, y se espera que la película atraiga tanto a los amantes de la literatura de King como a los aficionados al cine de terror y ciencia ficción.
Los cinéfilos podrán disfrutar de La larga marcha cómodamente sentados en sus butacas a partir del 12 de septiembre, una opción considerablemente más relajante frente al peculiar experimento de Lionsgate.