Cuando viajas a Japón, esperas comer delicioso sushi, increíble ramen, fantásticas comidas de las que nunca habías oído hablar. Pero la sorpresa llega cuando te das cuenta de que una de sus mayores delicatessen es… el pollo frito. ¡Es más! Que hay KFC por todas partes. En el país del arroz y la comida sana, todos adoran comer comida basura en Navidad. Pero, ¿se puede saber a qué se debe?
Ho, ho, ñam
Japón es un país de modas, y esta no iba a ser menos: solo del 20 al 25 de diciembre, ganan cerca de 63 millones de dólares vendiendo pollo a familias que esperan pacientemente ne la puerta. De hecho, hay figuras del coronel Sanders con gorros de Navidad en cada recoveco. Para entender el motivo hay que ir hasta 1970, cuando el país, tras recuperarse de la II Guerra Mundial empezó a abrirse al mundo y a aceptar franquicias occidentales. Fue entonces cuando KFC abrió su primera sede en Nagoya. Y no paró.
Cuatro años después, lanzaron la campaña “Kentucky for Christmas”, que, según ellos, vino de un cliente extranjero que les dijo que, a falta de poder comer pavo en Navidad, comería pollo de KFC. La campaña fue muy agresiva, y puso de moda la canción My Old Kentucky Home como villancico (a pesar de que no tiene nada que ver con la Navidad en Estados Unidos). Comer en KFC, sobre todo si vivías en un pueblo, era tendencia, era moderno, era lo que había que hacer. Y de alguna manera, 50 años después, los japoneses aún siguen haciendo cola en los KFC para probar comida rápida que podrían comer también en cualquier momento del año. Nada dice Navidad como una tira de pollo rebozada, aparentemente.

