Aquella vez que hicieron cereales radiactivos para niños (y no pasó nada)

Hoy en día parece que hay cientos de cereales, cada uno con algo que le hace ligeramente especial y diferente al resto: con más cacao, con más leche, ayudando a la circulación, con mejor sabor… Pero, por lo que sea, ninguno se anuncia como más radiactivo que el resto. Sí, sería terriblemente ilegal, pero lo más curioso es que… ¡Ya se intentó hace ochenta años! Y los responsables perdieron por el camino casi dos millones de dólares. Bien merecido se lo tienen.

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¡Con la de radiación que tienen!

¿Conocéis los Quaker Oats? Si vivís en Estados Unidos, seguro que sí, porque allí son pura tradición: se trata de unas gachas para el desayuno que nacieron en 1877 y se convirtieron en un éxito nacional tras la II Guerra Mundial, cuando los anuncios incidían en lo sanos que eran. Todo iba bien hasta que un estudio les tiró la teoría por tierra, afirmando que los fitatos en altos niveles (que están dentro de la composición de la avena que utilizaban en Quaker) podrían evitar que el cuerpo absorbiera hierro.

De inmediato, su mayor competidor (Cream of Wheat), que basaba sus gachas en el trigo, les adelantó por la derecha. Algo tenían que hacer, un experimento que demostrara que aquel estudio se equivocaba. ¿Así que se pusieron manos a la obra acercándose al MIT y a la Universidad de Harvard para hacer un contra-estudio que duró siete años y que consistía en algo muy sencillo… Y macabro.

Montarían un “Club de Ciencias” en un colegio, dando a los niños desayunos gratis y, como premio, entradas para los partidos de los Red Sox. Doble ganancia, ¿no? Bueno, no tanto. Y es que en el desayuno gratuito incluían, sin decírselo ni a los hijos ni a los padres, un rastreador radiactivo que iba dentro del hierro de la avena y el calcio de la leche para estudiar cómo eran absorbidos por el cuerpo.

Entre 1950 y 1953 hicieron 17 experimentos distintos a un total de 57 personas, que se cree que no sufrieron daño porque la radiación era microscópica… Pero, aún así, meter radiación por las buenas a un grupo de personas que no lo sabían no es la mejor idea del mundo. En 1993 se supo qué es lo que había pasado, en 1995 un juicio gigantesco acabó con el MIT y Quaker teniendo que pagar 1,85 millones de dólares a las víctimas. Por lo que sea, nadie ha querido volver a repetir.

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