Sylvester Stallone, uno de los íconos más reconocibles del cine de acción, tuvo un inicio difícil en Hollywood. Antes de consagrarse como una estrella, su carrera estuvo marcada por participaciones fugaces, como su aparición en Bananas de Woody Allen, que no lograron resonar en la industria que lo ignoraba sistemáticamente. En una etapa de gran dificultad económica, incluso tuvo que vender a su perro Butkus en la puerta de un 7-Eleven para subsistir.
Un odio visceral y plenamente justificado
Sin embargo, la suerte de Stallone cambió tras ver Marcado por el odio de Robert Wise, lo que lo inspiró a escribir el guion de Rocky. Trabajó intensamente y, en solo tres días, completó el libreto. A pesar de que los estudios estaban dispuestos a pagar una cifra considerable por los derechos, Stallone prefirió protagonizarla, aun si eso significaba recibir menos dinero. Esta decisión resultó en un fenómeno cinematográfico, con Rocky ganando el Oscar a la Mejor película y dando inicio a una de las sagas más emblemáticas del cine.
El éxito inicial fue seguido por secuelas que no alcanzaron el mismo nivel, hasta que Stallone revitalizó la saga con Rocky IV. En esta entrega, el protagonista se enfrenta a Ivan Drago, un boxeador soviético, interpretado por el entonces poco conocido Dolph Lundgren. Este enfrentamiento se convirtió en una metáfora del choque ideológico entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
Stallone realizó un casting exhaustivo, evaluando a más de 5,000 aspirantes antes de elegir a Lundgren. En una conferencia, recordó: “Entró en la habitación y le odié nada más verle… Este tipo ha saltado la línea evolutiva… y además es un genio”. La interpretación de Lundgren en Rocky IV le abrió las puertas del cine de acción, marcando el inicio de una exitosa carrera en Hollywood.