Según una reciente encuesta del Kearney Consumer Institute, los consumidores están comenzando a tomar en cuenta los valores de las marcas en sus decisiones de compra. Este cambio se produce en un contexto político polarizado donde iniciativas como la diversidad, equidad e inclusión y el apoyo a causas LGBTQ+ han pasado a ser puntos de conflicto, recibiendo un fuerte escrutinio por parte de activistas conservadores y la administración Trump.
Aunque no guste a los conservadores, la mayoría de la gente quieren posicionamiento
Los hallazgos de la encuesta son significativos: más de dos tercios de los consumidores (68%) creen que las marcas deberían expresar sus valores. En este sentido, permanecer en silencio podría no ser una opción viable para muchas empresas. Ejemplos recientes, como el de Target y Bud Light, ilustran cómo la falta de alineación con las expectativas de los consumidoras puede resultar en represalias que afectan tanto las ventas como la reputación de la marca.
A pesar de la creciente importancia de los valores en la toma de decisiones de compra, los consumidores continúan considerando factores fundamentales como la calidad del producto, el precio y la fiabilidad. Esto indica que, aunque los valores desempeñan un rol cada vez más relevante en el proceso de compra, no sustituyen necesidades básicas del consumidor.
Las marcas podrían encontrar consuelo en el hecho de que, a pesar de la tendencia hacia un consumo más consciente desde el punto de vista político, la calidad del producto permanece en el centro de la experiencia del consumidor. En este contexto, las empresas se enfrentan a la compleja tarea de equilibrar sus posturas sobre temas sociales y las expectativas de los consumidores en un entorno donde la percepción de la marca puede cambiar rápidamente.