La secuela de Death Stranding, titulada Death Stranding 2: On the Beach, continúa la filosofía que Hideo Kojima estableció en el primer juego, enfocándose en proporcionar una experiencia pausada y reflexiva. Según el reconocido músico francés Woodkid, quien ha colaborado estrechamente con Kojima en este proyecto, el desarrollo no busca atraer a todos los jugadores. En cambio, se centra en provocar un cambio en la manera en que los jugadores experimentan el videojuego, un enfoque muy particular que ha generado opiniones divididas.
No quiere hacer un juego que sea cómodo para el jugador
Durante una reciente entrevista con Rolling Stone, Woodkid reveló que, aunque algunos cambios realizados durante las pruebas fueron bien recibidos por testers y creadores de contenido, Kojima se mostró reticente a complacerse con lo que podría considerarse “cómodo” para el jugador. Esta dirección contrasta con las tendencias actuales del mercado, donde muchos desarrolladores tienden a seguir fórmulas más convencionales y accesibles.
Un elemento distintivo del primer Death Stranding fue su sistema de carga, que requería que los jugadores consideraran meticulosamente la posición de cada paquete transportado. Este aspecto de la jugabilidad ha sido fundamental para la experiencia del juego y, aunque su inclusión en el Director’s Cut introdujo un robot que no fue bien recibido por todos, Kojima sigue comprometido con su enfoque de desafiar a los jugadores, independientemente de las críticas recibidas.
Kojima y otros desarrolladores de su calibre, como Hidetaka Miyazaki, buscan desviar de la gratificación instantánea que muchos juegos ofrecen, prefiriendo en su lugar forzar al jugador a lidiar con una narrativa y un entorno que desafían lo convencional. Por ello, el crecimiento de Death Stranding 2 representa no solo un avance en términos de historia y gráficos, sino también un testimonio de la visión artística singular de Kojima en la industria del videojuego.