Resident Evil es una franquicia muy querida por el público, por eso no es de extrañar que haya generado también muchos juegos que le hayan imitado en su fórmula. Incluso si generalmente se suelen fijar más en los títulos clásicos que en los modernos, es una constante que los videojuegos de terror se fijen en lo que hacen o bien los primeros dos Resident Evil o bien Resident Evil 4. Pero parece que estamos empezando a ver juegos muy inspirados por los juegos modernos, especialmente Resident Evil VII.
El último caso y más llamativo es el de Crisol: Theater of Idols. Juego desarrollado en España y poniendo un gran énfasis en la imaginería española para crear una mezcla de lo más sugerente entre Resident Evil y Bioshock que, aunque no siempre acierta el tiro ni se siente todo lo bien que debería, lo tiene todo para gustar a los fans del género.
La virgen de las mareas diceeee
Crisol nos pone en la piel de Gabriel, un adepto del dios del Sol que recibe una misión sagrada. Debe viajar a la ciudad de Tormentosa para descubrir qué es lo que está ocurriendo en la ciudad y porqué está deviniendo en el caos, causado por un extraño culto al dios del mar que está opacando al culto del dios del Sol. Con esa premisa y solo armados con un arma cargada con nuestra propia sangre, tendremos que descubrir una tragedia con siglos de historia que se está desarrollando en tiempo real según llegamos a la misteriosa ciudad de Tormentosa.
Seguramente lo que más llame la atención de Crisol sea eso. Su estética y su narrativa. Con un acabado bastante llamativo, aunque no llega ni de lejos a la altura de los AAA, sí consigue resultar apañado con unos gráficos bastante solventes. Si a eso le sumamos un diseño de arte muy inspirado en todos los tópicos españoles, que van desde los toros hasta las vírgenes pasando por los típicos carteles de la Guerra Civil, todo da lugar a una estética bastante peculiar que tiene un ligero aire español. Tormentosa no tiene ni de lejos el cuidado y el mimo que tenía Cvstodia en Blasphemous, pero consigue darle personalidad a su particular giro a la estética de Bioshock, incluso si nunca consigue sentirse realmente española.
La historia, por otra parte, es probablemente su parte más interesante. Tanto el lore de Tormentosa y su lucha entre dioses, como la aventura de sus personajes para lograr salvar la ciudad, tiene personalidad y carácter. No hace nada particularmente novedoso, pero sí consigue mantener nuestra atención y mantener nuestra atención en las alrededor de 10 horas de juego que tenemos por delante.
Por lo demás, el juego se basa principalmente sobre su combate. Teniendo que matar enemigos para poder conseguir recursos para mejorar nuestras armas, esquivarlos es una horrible idea si no queremos vernos bloqueados hacia mitad de juego con armas débiles de más. Por desgracia, las armas no se sienten todo lo bien que deberían. Todas las armas se sienten poco contundentes, los enemigos nos dan poco feedback sobre si lo que hacemos está hiriéndolos o no y siempre se sienten como que todo requiere un gasto de recursos mucho mayor de lo que debería.
Eso no quita para que el juego adopte ideas muy interesantes para ello. Como decíamos, nuestra arma la cargamos con nuestra propia sangre, y eso es el gran factor diferenciador del juego. No existen balas que recoger, sino que cada vez que queramos recargar un arma, tendremos que gastar un pedazo de nuestra vida para volver a tener munición con la que acabar con nuestros enemigos.
Esta idea sobre el papel funciona muy bien, pero no siempre funciona del todo bien en el juego. Visualmente es espectacular y sangriento, pero rara vez nos veremos con la necesidad de tener que decidir entre nuestra munición y nuestra vida. Algo que hace irrelevante este sistema, más allá del estilo tan particular que le da a la ambientación.
Por lo demás, el juego se siente como las últimas entregas de Resident Evil. Teniendo que investigar cada rincón, mejorando nuestras armas, resolviendo puzzles y avanzando entre giros de guion, no llega a la altura de los juegos de Capcom, pero es un sustituto que puede gustar a aquellos que les gusta la franquicia por su atmósfera, más que por sus mecánicas o su diseño. Porque al final, esa es la gran virtud de Crisol. Su arte y su historia y cómo consiguen condensarlo en una experiencia jugable que podría ser muchísimo mejor, pero que no molestará a quienes busquen en esta clase de juegos la experiencia de un macabro paseo de pesadillas. Esta vez, con vírgenes mecánicas asesinas.