La película Desert Warrior, estrenada en Estados Unidos el pasado fin de semana, ha sido recibida con un rotundo fracaso. A pesar de contar con un elenco destacado que incluye a Anthony Mackie y Ben Kingsley, su debut en la taquilla fue desalentador, ya que logró recaudar únicamente 487,848 dólares en 1,010 cines, ocupando el puesto 14 del fin de semana. Este desempeño resulta particularmente alarmante considerando que la producción tuvo un coste de 150 millones de dólares, 80 millones más de lo previsto inicialmente.
Desert Warrior no ha convencido al público
La falta de promoción ha sido señalada como uno de los principales culpables de esta situación. Si el público no tiene conocimiento de la existencia de una película, es improbable que se dirija a verala. En este caso, Desert Warrior parece haber pasado desapercibida para una audiencia que, de lo contrario, podría haber mostrado interés en su temática y actores, así como en la historia de un bandido legendario del siglo VII. La producción, dirigida por Rupert Wyatt, tuvo una larga y difícil gestación, enfrentándose a múltiples desafíos durante los cinco años de rodaje en Arabia Saudí.
Las críticas hacia la película han sido en su mayoría negativas, señalando que no ofrece nada memorable y es fácil de olvidar. Este fenómeno de olvido se ha comparado con otros fracasos cinematográficos, como Marte necesita madres, que, a pesar de sus críticas adversas, recaudó más de 39 millones de dólares, cifra que Desert Warrior parece destinada a no alcanzar. La distancia entre su presupuesto y la recaudación proyectada ha dejado un panorama desolador para sus creadores, quienes ahora deben enfrentar las consecuencias de un proyecto fallido.
En medio de estas circunstancias, Wyatt se mostró dudoso sobre el resultado final y, aunque inicialmente se alejó del proyecto, regresó para finalizarlo, un movimiento que ahora parece dejar un sabor amargo en su carrera.