Un nuevo capítulo en la larga y oscura historia del programa de la CIA conocido como MK Ultra está tomando forma, ya que una víctima canadiense de 81 años, Lana Ponting, se une a una demanda colectiva que busca rendir cuentas a las instituciones involucradas en estos experimentos de control mental. Entre 1953 y 1973, el programa utilizó varias técnicas, incluida la administración de drogas como el LSD y el uso de electrochoques, sobre pacientes en hospitales psiquiátricos, quienes eran tratados como conejillos de indias sin su conocimiento ni consentimiento.
Una demanda colectiva que demuestra los horrores de los 50s
Ponting, en su adolescencia, fue internada en el Allan Memorial Institute de Montreal bajo una orden judicial. Sus problemas comenzaron cuando la llevó al hospital su rebeldía y su deseo de escapar de su entorno familiar. Sin embargo, lo que se pensaba que era un tratamiento se convirtió en algo mucho más alarmante, con procedimientos que han dejado huellas indelebles en su salud mental. Años más tarde, y tras revisar su historia clínica, Ponting descubrió que sus pesadillas y lagunas mentales eran el resultado directo de los experimentos a los que fue sometida.
A pesar de que el escándalo alrededor de MK Ultra salió a la luz en los años setenta, con informes desclasificados que llevaron el asunto ante el Congreso estadounidense, muchas víctimas, incluida Ponting, no han recibido compensación adecuada. Aunque en 1988 Estados Unidos indemnizó a algunas personas, las instituciones involucradas no asumieron la responsabilidad por sus actos, dejando a cientos de víctimas sin justicia.
La actual demanda colectiva busca reavivar el interés público por estos abusos del pasado, con el objetivo de esclarecer las responsabilidades legales de universidades, hospitales y prisiones que permitieron estos experimentos. Se espera que este esfuerzo no solo proporcione un cierre a las víctimas, sino que también impida que tales atrocidades se repitan en el futuro. O no fuera de la ficción, como en Stranger Things.