Todos los años hay series que nos sorprenden. Series que por su calidad, por sus temas, por la reacción del público, consiguen superar todas las expectativas puestas en ella, si es que acaso existían expectativas o siquiera estaban en el radar de la inmensa mayoría de las personas. Es algo positivo y saludable, porque eso significa que aún queda sitio para las sorpresas en un ecosistema tan viciado como el del streaming.
El año pasado, probablemente no hubo una mayor sorpresa que la de Heated Rivalry, la cual se ha traducido al español como Más que rivales. Y es que esta serie llega por fin a servicios de streaming, en este caso Movistar+, para que entiendas porqué ha estado arrasando en todo el mundo un romance entre dos jugadores de hockey de dos equipos rivales. Incluso entre quienes no les gusta el hockey o el romance entre las personas del mismo o diferente género.
Una serie con un público claro en mente
Heated Rivalry nos narra la historia de Shane Hollander e Ilya Rozanov, las dos mayores estrellas de la Major League Hockey. Aunque al principio tienen una rivalidad motivada en gran medida por su posición en equipos opuestos, pronto se dan cuenta que sienten una electrificante atracción el uno por el otro que, a lo largo de ocho años, explorarán en todas sus facetas. La romántica, la sexual y la competitiva.
Gran parte del éxito del show es cómo trata con tremendo respeto e inteligencia todos los elementos que la componen. El primero y más evidente es el romance entre Shane e Ilya. Aquí no hay nada aguado. Es un romance, es explícito y no se queda nada en el tintero. Están enamorados, tienen dudas, están confusos, pero la serie no pretende que es otra cosa de la que es. No tiene problema en presentar su romance de forma explícita, ofrecernos también sus momentos más tórridos, y hacer evolucionar la trama con tanta tensión como con ritmo impecable.
En ese sentido, la serie se siente como un género muy bien cultivado en Japón, que es el del yaoi. Mangas eróticos y románticos de romance entre hombres, generalmente escritos por mujeres y dirigidos específicamente a un público femenino, donde pueden proyectar sus fantasías de forma segura. Algo que Heated Rivalry replica de forma muy efectiva.
En cualquier caso, no es lo único que hace con muchísima gracia. Otra cosa por la que ha ido ganando popularidad es con la fidelidad con la que trata el propio deporte. Los fans del hockey, independientemente de su interés por el romance en primer lugar, se han enganchado a la serie gracias a la fidelidad con la que trata el mismo. Incluso si no deja de ser un tema relativamente secundario con respecto del romance, el cuidado que se pone en ser fiel a la realidad del deporte y hacer que su rivalidad se construya siempre de forma lógica y fiel no solo al deporte, sino en cómo se podría desenvolver en la realidad, ha despertado el interés de los fans de este deporte.
Del mismo modo, otra cosa que ha encandilado al público más cinéfilo es el cuidado de su puesta en escena y dirección. La serie es visualmente no solo atractiva, sino realmente compleja e interesante, poniendo mucho peso en narrar tanto con imágenes como con los diálogos puestos en boca de sus personajes. Algo que ha atraído también a un sector no precisamente pequeño de cinéfilos.
Todo esto ha hecho que Heated Rivalry sea un éxito inesperado, pero lógico. Al apelar a un público objetivo y sus necesidades, pero cuidar de forma metódica todos los elementos que rodean a la historia, han conseguido a lo que aspiran todas las series. Llegar a su público objetivo, que no pare de hablar de la serie, y que a través de ellos, otras personas se enganchen a la misma no necesariamente por los elementos principales de la misma, pero sí por la atención puesta en otros elementos que sí pueden entrar en sus intereses específicos. Algo mucho más difícil de conseguir de lo que parece.
Si te interesa descubrir de primera mano porqué el fenómeno Heated Rivalry es tan potente, lo tienes muy fácil. Sus seis episodios están disponibles en Movistar+ a partir del 5 de febrero para que te puedas sumar a esta fiebre que no parece que vaya a acabar precisamente pronto.