La película Primate, dirigida por Johannes Roberts, se presenta como una fusión de horror de bajo presupuesto y comedia grotesca, sumergiéndose en la tradición de las películas B. La trama se centra en un chimpancé llamado Ben que, tras ser mordido, se convierte en una amenaza violenta para sus dueños adolescentes. A través de una narrativa que sugiere un thriller de invasión de hogar, la obra promete misterio, pero parte de la experiencia se ve arruinada por personajes humanos superficiales que carecen de profundidad e interés, lo que afecta la tensión narrativa.
Un mono que desciende a la locura
Desde su apertura, Primate deja claro que la locura se apodera del chimpancé a través de una serie de técnicas visuales que reflejan su desquicio, aunque a menudo se deja de lado la claridad en la secuencia de eventos. La película intenta generar suspenso, pero a medida que avanza, la dirección y la geografía de las escenas se vuelven confusas, dificultando la inmersión del espectador.
El uso de Lengua de Señas Americana en algunas secuencias introduce un elemento interesante, pero no se explota al máximo para enriquecer la narrativa. Además, la película aborda momentos de violencia y asalto sexual de manera incómoda, planteando cuestiones sobre cómo se presenta la violencia en la pantalla. Aunque Primate homenajea a clásicos del horror, estas referencias a menudo parecen más un intento de compensar sus propias deficiencias narrativas que una contribución efectiva a la historia.
A pesar de sus defectos, Primate incluye ideas prometedoras y momentos ingeniosos que, aunque no siempre resultan efectivos, contribuyen a la experiencia. Con un enfoque particular en la calidad acústica y algunas interacciones entrañables, la película parece buscar un equilibrio entre el horror y lo humano, un esfuerzo que, sin embargo, no logra solidificarse del todo. En resumen, Primate ofrece una aventura de horror peculiar, ideal para quienes buscan entretenimiento en el inicio del año.