Las redes sociales han vuelto a arder tras el estreno del remake de Lilo y Stitch, centrando las críticas especialmente en los cambios realizados en su final. En esta nueva versión, Nani decide dejar Hawaii para continuar sus estudios, lo que deja a Lilo al cuidado de su familia vecina a través de un tipo de adopción informal conocido como hanai. Este giro ha generado confusión y ha sido malinterpretado por muchos, quienes argumentan que Nani abandona a Lilo como si la dejara en manos del gobierno.
Considera que la gente no se ha molestado en ver la película
Dean Fleischer Camp, director del remake, ha respondido a estas críticas, sugiriendo que muchos de los detractores pueden no haber visto la película completa. Según Camp, las reacciones negativas suelen basarse en una interpretación errónea de la historia: “He pensado en esto durante un tiempo. Creo que bastante gente que se está quejando no ha visto la película, y me escriben cosas que son claramente falsas”. En su opinión, el verdadero mensaje de la película es la intención artística de transmitir amor y responsabilidad comunitaria.
Una de las incorporaciones más notables del remake es el personaje de Tutu, diseñado como un guiño a la cultura hawaiana, que representa la respuesta comunitaria en momentos de crisis. Camp sostiene que esto subraya que la adopción informal no se basa en la sangre ni en trámites burocráticos, sino en amor y compromiso por el bienestar de la comunidad. “No queríamos rehacer la película original tal cual. Lo que buscamos es contar una historia honesta sobre la superación de la pérdida”, añade el director.
Aunque el remake ha sido objeto de críticas, Camp espera que con el tiempo la percepción de esta controversia cambie, insinuando que la comunidad cinematográfica puede encontrar un sentido de unidad en torno a la película. Sin duda, la conversación sobre Lilo y Stitch y su permeabilidad al cambio continúa evolucionando.