Hoy por hoy no somos siquiera capaces de imaginar una consola que no tenga Internet, ya sea para jugar online, descargar juegos y parches o incluso recibir ayudas de otros jugadores. Sin embargo, a mediados de los 90 nadie lo tenía tan claro. Sí, desde la Atari 2600 ya se habían hecho experimentos, pero, en plena revolución informática, faltaba dar el salto definitivo a la red. En 1996 aparecieron las primeras consolas que, por fin, tenían Internet: la Apple Pippin, la Philips CD-i, y todos sabemos cuál fue su cruel y amargo destino. Sin embargo, quizá todo hubiera sido distinto si Nintendo se hubiera atrevido a dar el paso con Nintendo 64. Y creednos: estuvo muy, muy a punto.
Internet 64
En 1995, todas las productoras de videojuegos sabían que estaba llegando un cambio. Dejábamos atrás los gráficos de 16 bits de Super Nintendo para centrarnos en gráficos en tres dimensiones y una nueva manera de jugar que nos parecía a todas luces futurista. Sony, que, como sabemos, no consiguió un trato con Nintendo para hacer una consola que usara CDs (la Nintendo PlayStation), iba a sacar una competencia directa, y Sega no se quedaba atrás con Dreamcast. Todo el mundo quería su tajada del pastel, pero en este boom hubo algo que podría haber cambiado el tablero de juego y en lo que todas dudaron: Internet.
Mientras tanto, en otro lugar del mundo, Jim Clark y Marc Andreessen se habían juntado para fundar Mosaic, la primera empresa de la historia que quiso sacar tajada de Internet. Y claro, ¿a quién acudieron primero? A la marca que estaba revolucionándolo todo desde hacía años: prepararon un documento de 20 páginas y acudieron a las oficinas de Nintendo ofreciéndoles un servicio de juego online para su nueva consola. En las oficinas de la Gran N hubo un pequeño revuelo, pero, en última instancia… no sirvió para nada.
Al fin y al cabo, hicieron la presentación a inicios de 1994, y la consola salía a finales de 1995. En Mosaic tenían mucha hambre, y creyeron que era una espera demasiado larga, así que dejaron el proyecto de Nintendo a un lado y se pusieron a crear otra cosa: un navegador para Internet. El 13 de octubre de 1994, antes incluso del lanzamiento de Windows 95, el mundo vio la llegada de Netscape, uno de los primeros navegadores, que enseguida se hizo con tres cuartas partes del mercado. No era muy grande, todo sea dicho.
Nintendo acabó lanzando Internet en la propia Nintendo 64 años después. No era su intención: en la empresa pretendían lanzarlo en 1996, solo dos años después del lanzamiento de la consola, pero acabó retrasándose hasta 1999. Sin embargo, llegaba o bien demasiado pronto o bien demasiado tarde, y al periférico 64DD nunca acabó de gustar demasiado: vendió apenas 15000 unidades exclusivamente en Japón antes de pasar a mejor vida (la chatarrería, vaya), y es imposible no preguntarse qué habría pasado si los creadores de Netscape hubieran decidido esperarse un poquito más.
Al navegador le fue mejor, aunque ahora solo lo recordemos los que estuvimos ahí en los primeros albores de Internet. En 1999 fue comprado por 10.000 millones de dólares y con su código fuente acabó creando el navegador Mozilla Firefox. Netscape acabó feneciendo en 2008, pero Firefox sigue en pie como uno de los mejores navegadores del mercado. Y pensar que quizá todo habría sido muy distinto si, en vez de meterse en las complejas aguas de la World Wide Web, hubieran destinado todos sus recursos a elevar la consola de Nintendo. Si tienes menos de veinte años, efectivamente, todo esto te sonará a chino, pero hubo una época donde vivíamos sin Internet. No era peor. Era, simplemente, diferente.