Este pasado fin de semana hemos podido probar The Duskbloods, el nuevo juego de FromSoftware. A pesar de algunos problemas de conexión, inevitables ya que era una prueba de servidores, ha sido una experiencia con la que ha sido posible valorar lo que ofrece esta nueva experiencia de uno de los estudios más singulares del presente. Porque lo más interesante es que, aunque FromSoftware tienen un estilo muy particular, siempre aportan algo diferente. Y esta vez, no ha sido la excepción, con algo que puede recordar a Elden Ring: Nightreign, pero debe más a Sekiro y Bloodborne de lo que parece.
Un juego pensado para abofetearte contra otras personas
Si bien The Duskbloods es una mezcla de PvP y PvE, la parte importante recae sobre lo primero. Toda la parte de PvE es un trámite donde debemos demostrar una cierta gestión de nuestros recursos. Es la parte donde podemos mejorar nuestro personaje, conseguir cierta ventaja (o no) e ir construyendo nuestra posición. Pero el juego empieza, realmente, cuando debemos enfrentarnos a nuestros rivales.
Aunque en FromSoftware han insistido de que es posible llegar hasta el final de cada partida sin enfrentarse a ningún otro jugador esto no es exactamente cierto. Si bien es posible hacerlo, esto supone establecer alianzas y asegurarse de no enfrentarse directamente contra los rivales. El sistema del juego permite que nuestros rivales se enfrenten entre sí y que, con suerte, podamos simplemente sobrevivir mientras ellos se enfrentan o todos nos ignoramos entre nosotros, pero todo el juego favorece una realidad: el enfrentamiento.
Debido a que el juego se divide en diferentes fases, existe un tiempo límite estricto. Y al final de cada fase un jugador será sacrificado. Eso significa que se quiera o no, siempre hay un motivo para conseguir más puntos e intentar mantenerse en la partida. Incluso quien no quiera enfrentarse a otros jugadores o inmiscuirse en sus asuntos pronto se sentirá impelido si se queda atrás, porque ahí está el gran truco de The Duskbloods: no es necesario enfrentarse a otros jugadores hasta el final de cada partida, pero el propio sistema incentiva que ocurran enfrentamientos para no quedarse fuera de la propia partida.
Una evolución de lo que ya conocemos
Y es precisamente en los enfrentamientos contra jugadores donde más brilla el juego. Aunque contra los enemigos controlados por la IA es posible apreciar algunos detalles del juego, como la movilidad ligeramente más rígida o el mayor énfasis en la verticalidad del juego, no es hasta que no nos enfrentamos con otros jugadores que no es obvio qué hay de diferente en este juego.
En lo que hemos podido jugar, The Duskbloods parece sutilmente diferente a lo que hemos visto en anteriores juegos de FromSoftware. Especialmente en lo que se refiere a las posibilidades de salir de situaciones difíciles. Aunque existen esquivas y nuestro personaje se mueve rápido y salta muy rápido, al enfrentarnos a rivales humanos con ataques similares a los nuestros, esto se mitiga de forma muy dramática. Haciendo que sea prácticamente imposible depender exclusivamente de nuestros reflejos: tenemos que evitar estar en los lugares donde pueden golpearnos.
Eso es lo más interesante de The Duskbloods. No se siente que un parry o una esquiva a tiempo nos puedan librar de la mayoría de situaciones. Al haber armas de fuego de gran calibre, enemigos con tanta movilidad como nosotros y unos iframes muchísimo más limitados que en anteriores juegos, la batalla se siente más dura. Más justa. Y eso es lo interesante.
Porque parece que aquí se encuentra lo que puede ser el futuro de FromSoftware. Que la siguiente iteración a partir de Bloodborne y Sekiro, un juego más de acción y que deje de lado la parte RPG de sus juegos, podría ir en esta dirección: abrazar definitivamente que sea un mano a mano donde lo importante sea la gestión del espacio y el timing de nuestras acciones. Algo que en The Duskbloods parece que podría darse en unos frenéticos e interesantísimos combates entre jugadores que estamos deseando probar en su versión final, sea cuando sea eso.