La cineasta Kathryn Bigelow ha capturado la atención de Netflix y del Pentágono este fin de semana con su nueva película Una casa de dinamita, que aborda un escenario escalofriante: un ataque nuclear inminente a Estados Unidos, centrado particularmente en Chicago. El filme, que dura casi dos horas, ofrece una inquietante reflexión sobre la reactividad de las instituciones ante una crisis extrema.
Los 18 minutos más tensos de la historia del país
Bigelow, conocida por su trabajo en películas tensas y de acción, ha realizado un meticuloso ejercicio de documentación, apoyándose en expertos militares y en la realidad de los procesos de respuesta ante un ataque nuclear. La narrativa se desarrolla a través de segmentos episódicos que muestran las diferentes perspectivas de los 18 minutos previos al impacto, destacando la urgencia en la respuesta del Pentágono y del Comando Estratégico de Estados Unidos (STRATCOM), que tendrían solo 15 minutos para actualizar al presidente sobre la situación.
En una de las escenas clave, se menciona que las probabilidades de éxito en la intercepción de un misil son del 60%, comparadas con el 55% reportado en pruebas reales. Este tipo de detalles resuena profundamente, ya que el filme busca retratar la realidad de cómo se manejaría una crisis tal en términos burocráticos, donde la decisión de contraatacar o rendirse recae finalmente en una sola persona: el presidente de Estados Unidos.
El filme también aborda la normalización de alertas sobre amenazas nucleares, recordando que durante la administración Trump, se registraron al menos 15 llamadas de alerta sobre Corea del Norte, muchas de las cuales fueron falsas alarmas. En este contexto, Una casa de dinamita no solo es una obra de ficción aguerrida, sino un comentario sobre el funcionamiento del sistema que rodea la amenaza nuclear, enfatizando que el verdadero antagonista puede ser “el sistema que hemos construido”.