Cuando todo el mundo daba a las salas de cine por muertas, de pronto se han rebelado con el mejor enero desde 2020: 620 millones en la taquilla americana (36 millones más que el siguiente récord de 2023), en un fenómeno que se repite en casi todos los países. Las películas de bajo y medio presupuesto se han ido amontonando, consiguiendo resultados de todo tipo, desde lo justo para salvar los platos de Sin Piedad hasta las cifras estratosféricas de La asistenta, que ya suma 334 millones en todo el mundo, prácticamente multiplicando por diez su presupuesto. Y esto son buenas noticias para las salas de cine… pero, sobre todo, para los servicios de streaming.
Disfrútalo como es debido: en la tele
Pongamos como ejemplo paradigmático el estreno en cines de Sin Piedad, con Chris Pratt como protagonista. No sé si la has visto, pero su tono, guion y estilo son de una película directa a streaming. Ha costado unos 60 millones de dólares, y Prime Video es perfectamente consciente de que, si la lanzara como un original de su plataforma, no la vería nadie. El cine no sirve ya como ventana principal de exhibición, sino casi como muestrario de lo que está por venir a tu streaming. Lo que interesa no es que gane lo suficiente como para salir rentable, sino que incite la curiosidad del espectador para que siga pagando un mes más.
Los 4,9 euros que cuesta en España (14,99 en Estados Unidos) mensualmente son más interesantes para Amazon que el dinero que saca de las entradas, porque ese tiene que repartirse entre demasiados intermediarios. El del streaming es todo suyo. Y, lógicamente, siempre verá más gente una película que ha sido número 1 en cines que una cuya existencia desconocen, por mucho Chris Pratt que salga en primer plano. Así, Sin Piedad ha recaudado 49 millones y no cubrirá gastos en las salas, pero es más que suficiente: fue número 1 durante toda una semana y se habló de ella en redes sociales. El juego de manos no podría haber salido mejor. Será rentable.
Hace años, el éxito de una película se basaba en dos ventanas distintas. La primera y principal, la de las salas de cine. La segunda, la de las ventas (y alquiler) en VHS y DVD, que era mucho más potente de lo que se cree. Ahora, se ha diversificado mucho más: las salas siguen siendo la primera ventana por tiempo, pero no por importancia. De hecho, hay películas en Estados Unidos que ganan más dinero para la productora por el VOD (de ahí que las lancen cada vez antes, aún poniéndose en riesgo de pirateo) o que tienen su vida principal después, cuando se ofrecen para todos los usuarios bajo suscripción.
Por supuesto que a Warner le interesa que Una batalla tras otra haya ganado dinero en taquilla y los Óscar la nominen, pero que la realidad no os engañe: los 208 millones que recaudó (frente a 130-175 de presupuesto) se considerarían un fracaso antaño, pero la fama ha hecho que el público siga suscrito a HBO Max y llegue gente nueva. A 18,49 dólares la versión estándar, multiplicado por 128 millones de suscriptores en el mundo, el resultado es de 2366 millones al mes. ¡Al mes! ¿Estáis ya convencidos de que las salas de cine son solo los tráilers del streaming?
Es la nueva normalidad, y la estación final de este recorrido que empezamos en 2020: la convivencia entre salas de cine y streaming que ha llevado a que todas se lleven una buena tajada. ¿El único problema? Lo que Netflix vaya a hacer con Warner, que puede volver a trastocarlo todo. Me temo que solo el tiempo lo dirá. Crucemos los dedos para seguir así.