Un golpe de estado es algo muy serio. El del 23F no lo fue menos. El golpe de Estado de 1981, llevado a cabo por un grupo de guardias civiles comandado por el teniente coronel Antonio Tejero, interrumpió la investidura del candidato a la presidencia del gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo. Secuestrando a todos los diputados y el Gobierno de España, en menos de 24 horas se acabó el golpe de estado al comprobar el propio Tejero que no tenía el apoyo de las fuerzas vivas del país.
Desde entonces, este ha sido un golpe de estado que ha sido representado numerosas veces en la cultura popular española. Con obras de teatro, series de televisión y películas, incluso ha sido comparado con el asalto al Capitolio de los Estados Unidos del 6 de enero de 2021. Pero lo que muy poca gente sabe es que una de las primeras adaptaciones que tuvo este acontecimiento fue un videojuego.
Un videojuego con una sensibilidad bastante controvertida
Publicado en 1984 por Software Center, El Golpe es un juego para el ordenador Spectrum que nos invita a revivir lo ocurrido el 23F encarnando a uno de sus principales protagonistas, Antonio Tejero. Programado por X. Verdú, el juego era una parodia que logró llamar la atención por dos factores importantes: su tema, controvertido para la época, y su precio, muy ajustado de apenas 1800 pesetas.
Cualquiera que viera el cassette del juego podría sentirse inmediatamente interesado por el mismo. La portada, con El Golpe escrito en letras enormes, tenía una ilustración de los personajes de Pac-Man caracterizados como Antonio Tejero y un guardia civil, prometiendo una experiencia, si no singular, al menos sí muy divertida. El texto de contraportada, prometiendo voces digitalizadas de los implicados y sus frases más celebres, como el «¡que se sienten, coño!», terminaba de invitar a soñar. Al menos, hasta que el juego empezaba.
Un juego de calidad paupérrima
Toda la curiosidad que puede despertar El Golpe se disipa en el momento que se empieza a jugar. Lejos de ser un Pac-Man, es un juego donde debemos evitar los policías y capturar a los diputados en tres escenarios tan breves como simples. Nada a lo que hincarle el diente, más allá de la pura curiosidad de su propio tema.
Tampoco destaca precisamente en lo gráfico o en lo sonoro, con una calidad que roza lo amateur. Algo que se puede explicar en el hecho de que está programado en BASIC. Muy por debajo del grueso de videojuegos de la época, es un juego absolutamente mediocre, muy corto y fácil, cuyo interés radica en el propio shock value que busca generar. Acabándose en el momento que el chiste se agota. Lo cual es una pena, porque la idea daba para mucho más que eso.
¿Cómo ha podido pasar desapercibido hasta hoy?
El hecho de que haya quedado en el olvido hasta ahora tiene mucho que ver con el hecho de que el juego no sea un buen juego, pero también con el hecho de que no haga nada especial con su tema. Al lanzar el juego, sus desarrolladores nos avisan de que no existe ninguna connotación posible en este juego y que sienten «el máximo respeto por la el Estado y la Corona», algo que también juega en su contra a la hora de hacerlo memorable: no hay nada que lo haga más que lo es. Una curiosidad de otro tiempo. Un juego amateur que cayó en gracia por el chiste que pretendía hacer, pero que se acobardaba de hacer algo más profundo, más serio o más interesante que la propia broma.
Pero ese es el destino de muchos juegos de esa época. La Spectrum está llena de juegos que viven y mueren en lo interesante de sus premisas y las portadas que prometen enormes y fascinantes experiencias que luego nunca llegan a cumplirse. Por desgracia, El Golpe es uno de esos juegos. Uno tan absolutamente olvidable, como increíble es su packaging.