La serie Vikingos: Valhalla, sucesora de la popular Vikingos, fue cancelada en su tercera temporada por Netflix debido a una audiencia por debajo de las expectativas, dejando a los fanáticos sin un desenlace satisfactorio. El showrunner Jeb Stuart tenía ambiciosos planes para expandir la narrativa durante hasta seis temporadas, permitiendo así un desarrollo más profundo de personajes y tramas que, lamentablemente, no llegaron a concretarse.
En la era del streaming es muy difícil contar historias largas
A pesar de que la serie cerró algunos arcos —en particular el de Harald, quien se convierte en rey de Noruega—, muchas historias quedaron abiertas. Personajes como Leif y Freydís, quienes emprenden una aventura hacia Vinlandia, vieron sus historias simplificadas en comparación con la complejidad de los relatos históricos. El viaje de Leif, por ejemplo, fue mucho menos heroico de lo que la serie presenta, siendo parte de una saga marcada por contradicciones y la falta de interacción con las poblaciones nativas que encontró.
La figura de Harald, que tuvo una trayectoria real trágica, estuvo llena de ambiciones de conquista que se frustraron, culminando en su muerte en batalla. Este aspecto histórico, que pudo haber sido un foco narrativo interesante para futuras temporadas, fue ignorable tras la finalización prematura de la serie. La muerte del rey Canuto, otro evento significativo, dejaba a Inglaterra en un estado de gran inestabilidad política, un tema que podía haber servido como telón de fondo para nuevos conflictos y personajes, como Emma de Normandía, que se volvieron fundamentales en la narrativa de la época.
En la era del streaming, es cada vez más difícil para las series concluir con un cierre adecuado, como ocurrió con Vikingos, que logró finalizar su historia planeada. Vikingos: Valhalla es otro ejemplo de cómo la audiencia y la estrategia de contenido de las plataformas de streaming pueden afectar la continuidad de narrativas que merecían ser exploradas más a fondo.