Elon Musk lleva meses haciéndonos creer que Twitter se llama X. Lo ha intentado de mil maneras posibles: poniendo una “X” gigante luminosa encima de su sede, cambiando el logotipo y hasta tuiteando una y otra vez acerca de X, solo para que incluso sus fans le digan que ellos lo siguen llamando Twitter. Es profundamente estúpido cambiar una marca que se había convertido en una palabra del día a día, con lo complejo que es eso. Pero ahora, su tontería megalomaniaca ha dado un paso más allá.
X no marca el lugar
Si hoy intentas entrar a la clásica twitter.com, automáticamente la web te llevará a x.com, completando así el más absurdo de los rebrandings que jamás se han hecho. Prácticamente todos los comentarios al tuit de Musk anunciando la migración definitiva de toda la red social dicen lo mismo: por más que el millonario crea que ha cercenado la cabeza de Twitter, todos le vamos a seguir llamando Twitter. Porque es lo que es.
Creo que todos los que seguimos usando este barco que claramente hace aguas y está en absoluta decadencia podemos decir lo mismo: de un tiempo a esta parte, Twitter se ha llenado de bots porno, el fascismo campa a sus anchas y ninguna de las decisiones tomadas por el multimillonario han terminado llevando a nada bueno. Quizá lo seguimos llamando Twitter por un solo motivo: nos recuerda que, en algún momento, nos lo pasábamos bien allí.