Los Simpson es una serie que “nunca acabará”, como bien relata el recomendadísimo libro de Juan Damián Pardo. Sin embargo, y por primera vez en 35 años, la propia serie ha jugado con su colofón final con un capítulo meta que ha pillado a todos desprevenidos. La temporada número 36, estrenada el pasado 25 de diciembre en Disney Plus, arranca con un episodio titulado El cumpleaños de Bart, que explora, precisamente, cómo podría terminar esta serie.
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Suscríbete (es GRATIS) ►El capítulo, que ya es el más valorado de los últimos años según IMDb, comienza con un cameo especial de Conan O’Brien, quien fuera guionista de la serie en los años noventa. En su versión animada, O’Brien explica que la cadena Fox ha decidido recurrir a una Inteligencia Artificial para redactar el episodio final de la serie. Lo que sigue es una parodia magistral de los productos predecibles generados por estas tecnologías: un guión que combina homenajes exagerados a series como Juego de Tronos y Succession, giros de trama que buscan desesperadamente ser memorables, y resoluciones cargadas de lugares comunes que solo una IA sería capaz de imaginar.
Un final a la altura de la IA
Entre los eventos destacados del capítulo se encuentran la muerte del Sr. Burns, el inesperado descubrimiento de que el dueño de la tienda de cómics será padre, y, por supuesto, el undécimo cumpleaños de Bart. Este detalle, lejos de ser casual, es una broma sobre la eterna congelación del tiempo en Springfield. Después de casi cuatro décadas como un niño de diez años, Bart se enfrenta a la posibilidad de crecer, una situación que provoca un conflicto directo entre él y la IA.

Pero el episodio no solo juega con la parodia, sino que también reflexiona sobre el impacto de las tecnologías en la narrativa y la creatividad. La Inteligencia Artificial, programada para analizar millones de ideas previas y generar un desenlace “memorablemente perfecto”, no logra prever la resistencia emocional de Bart. El joven Simpson se niega a aceptar un guión que le obliga a crecer y abandonar su identidad como el eterno niño travieso. “Mi edad debe seguir congelada”, clama Bart, en un momento que desborda tanto metacomentario como nostalgia por todo lo ya vivido.
Este enfrentamiento evidencia una verdad universal: mientras la IA puede replicar patrones, no puede captar la esencia humana que define a personajes como Bart. La tensión entre los cálculos algorítmicos y la complejidad emocional es el eje central de un episodio que termina siendo un espejo de nuestra propia relación con el progreso tecnológico. Una de las mejores críticas que se han hecho en televisión a la IA, y el mejor ejemplo de que, ejem, nunca podrán sustituirnos… ni a guionistas ni a periodistas.