Hace más de cuatro décadas, la industria de los videojuegos no era tan potente como lo es ahora: los juegos más costosos podían desarrollarse en solo unos meses, y la mayoría necesitaba un equipo mínimo para juntar el código necesario y lanzarlo en Atari 2600 o, quizá, recreativas. Esto llevaba a una pobreza increíble de medios para programar, sí, pero también a unas arcas llenas de dinero y una libertad creativa como no se ha vuelto a ver en la industria. Todo valía, y eso llevó a hacer algunos juegos que han pasado a la historia de la infamia… Como, por ejemplo, Custer’s Revenge.
Jugando a indios y vaqueros
Volvamos en el tiempo hasta noviembre de 1982, justo a un mes de que empezara el famoso crack de los videojuegos con el lanzamiento de E. T. El Extraterrestre. Todo parece feliz y tranquilo en las oficinas de Atari hasta que reciben la copia de un juego que acaba de salir a la venta por parte de American Multiple Industries. En la portada de Custer’s Revenge había una mujer india realista atada a un palo con un vaquero desnudo (enseñando el culo) en primer plano, tapando sus partes pudendas. Encima del título, la clarificación de que pertenecía a la colección Swedish Erotica.
Swedish Erotica fue una colección de tres juegos, rompedora para la época, en los que exploraron las posibilidades de la consola en relación con lo explícitamente sexual: Beat ‘Em and Eat ‘Em (creedme, es mejor que no os cuente de qué trata), Bachelor Party (una versión de Breakout en el que los “ladrillos” eran mujeres desnudas y la “bola” un hombre igualmente en pelotas) y el infame Custer’s Revenge. Los dos primeros llegaron a tener versiones donde el género de los personajes cambiaba. El tercero, no. Y hay un motivo para ello.
Aunque había menos regulaciones que ahora, lo cierto es que en 1982 un juego como Custer’s Revenge supuso un alboroto social. Al fin y al cabo, trataba un tema que aun hacía daño a la sociedad americana: el General Custer, líder del ejercito estadounidense que murió luchando contra una coalición de tribus nativo americanas, se dedicaba a tener sexo con una nativa americana atada a un poste. Por lo que sea, incluso entonces se consideró de un mal gusto increíble y se trató de prohibir por todos los medios.
Píxeles haciéndolo
Como podéis imaginar, había que echarle un poco imaginación a la pantalla, ya que no se parecía en mucho al hiper-realismo actual: se trataba de píxeles grotescos que simulaban cuerpos desnudos. En Swedish Erotica sabían perfectamente lo que estaban haciendo, ojo: el racismo fue explícito y consciente porque solo querían llamar la atención y conseguir publicidad gratis gracias a la polémica. Y, de hecho, consiguieron colar más de un ejemplar, que vendieron a 49,95 dólares de la época (162 dólares actuales). Casi nada.

Grupos feministas, de personas nativo americanas, de defensa de los derechos humanos y cristianas, entre muchas otras, pidieron la retirada inmediata del juego, pero en American Multiple Industries, viendo el tirón, se negaron a aceptar la mayor y lo defendieron con uñas y dientes. Al final, el asunto llegó incluso a los juzgados, y muchos de ellos acabaron prohibiendo del todo los juegos calificados X. Y en la productora, ¿qué hicieron para acallar las protestas?
Bueno, la cosa más ofensiva imaginable: invitaron a organizaciones nativo americanas y grupos de mujeres feministas a jugar, algo que incluso en aquella época ya se vio como una forma desgarradora y caradura de conseguir buena prensa, dado que, después de que jugaran, no escucharon ninguna de sus quejas y advertencias: para cuando Custer’s Revenge se quitó de las estanterías en abril de 1983, ya habían vendido más de 80.000 copias y se habían hecho de oro por el camino.
American Multimple Industries se fue al garete en la famosa crisis de la industria de 1983, y vendió todos los derechos de sus juegos a PlayAround, una empresa que continuó con el trabajo de la anterior ofreciendo juegos para mayores de 18 años en Atari. Por suerte, nunca más se supo y la industria creció exclusivamente en Japón, donde ya están tan de vuelta de todo que nada de esto les habría afectado lo más mínimo. Evolución, supongo.