Tendemos a pensar que las secuelas son algo que se nos ha ocurrido solo a nosotros, en la era moderna, para poder sacar más partido a las historias que contamos. Pero cuanto más miramos hacia atrás, más vemos que llevan siendo algo habitual desde el inicio de la cultura. En 1905, Thomas Edison y Edwin Porter lanzaron una parodia (y al mismo continuación) de su éxito Asalto y robo de un tren, la primera secuela cinematográfica jamás hecha. ¡Y hasta el propio Miguel de Cervantes tuvo que hacer una secuela de El Quijote para protestar la que hizo, de manera apócrifa, Alonso Fernández de Avellaneda!
La O2sea
Es un poco raro hablar de “secuelas” de La Odisea, porque realmente todo forma parte de la tradición oral interconectada con la realidad y los mitos griegos de alguna manera. Al fin y al cabo, La Odisea en sí es una especie de segunda parte de La Iliada, e incluso hay personajes interconectados entre sí, pero lo que no es tan conocido es que con un público ávido de novedades, los artistas griegos llegaron a hacer una secuela de La Odisea que permanece perdida en la historia, pero de la que se saben muchas cosas que pueden cambiar la manera en la que vemos el poema homérico: esta es la historia de La Telegonía.
La obra hablaba de Telegonus, uno de los hijos que Odiseo tuvo con Circe. Sí, la que en la película de Christopher Nolan convierte a su tripulación en cerdos y después les muestra el camino tiene un papel mucho más importante en el poema: nuestro protagonista llega a vivir con ella durante un año como si fuera su consorte antes de marchar. Tristemente solo han sobrevivido dos líneas del poema original, pero, junto a un resumen del mito, es suficiente para hacernos una idea de qué pasa después.

La historia empieza directamente tras el entierro de los pretendientes de Penélope, con Odiseo viajando a Thesprotia para realizar los sacrificios que Tiresias le ordenó hacer en La Odisea. Como a nuestro protagonista le dan igual ocho que ochenta se casa allí con la reina Callidice y tiene otro hijo, Polypoetes. Tras una guerra con los vecinos de Brygoi en la que incluso participan los dioses, Callidice muere, Odiseo hace rey a Polypoetes y se marcha a Ítaca de nuevo. Desde luego, no pierde el viaje.
Casi al mismo tiempo, Circe le dice a Telegonus el nombre de su padre, y le da una lanza con el poder de tener la punta envenenada con el veneno de una raya. Telegonus acaba en Ítaca, y Odiseo, obviamente, sale a luchar contra él… pero su poder es insuficiente y su hijo acaba clavándole la lanza y matándole. Luego se arrepiente, claro, pero ya es tarde. Como siente que tiene que hacerse cargo de la situación, lleva a Penélope y Telémaco a la isla de su madre, que les convierte en inmortales. Pero espera, que hay más: tras enterrar a Odiseo, Telegonus se casa con Penélope… ¡Y Telémaco con Circe! Un disparate en toda regla que es fácil intuir por qué Nolan ha dejado fuera.

Dicho sea de paso: no parece que Homero sea el autor de esta obra, sino un tal Cinaethon de Esparta, en el siglo VIII AC, aunque hay distintas opiniones. Realmente la mitología es gigantesca, y, sumando historias, Odiseo acabó teniendo un total de 14 hijos con 6 mujeres distintas. ¡Es más! Según la tradición posterior, Odiseo fue resucitado por Circe tras su muerte, y, agradecido, casó a Telémaco con Cassiphone, la hija que tuvo con ella. Al final, Telémaco acababa matando a Circe, Cassiphone a Telémaco y Odiseo acababa muriendo otra vez, pero esta de pena. La cosa es que no se libraba, vaya.
Si te sabe a poco, hay más finales, sobre todo cuando la tradición pasó a manos de los romanos siglos después y le llamaron Ulises: uno contaba que Atenea le convertía en caballo, otro que fundó Lisboa y otro que se mudó a Italia en pleno exilio. A saber todo lo que ligó allí, claro: el Julio Iglesias de su época.