Tengo que confesar que, al contrario que la mayoría del universo, no tengo ninguna gana de ver La Odisea. No es culpa de Christopher Nolan (aunque el hecho de que Oppenheimer no me gustara definitivamente ayuda a la pereza), sino de que adaptar una historia como esta, con un estilo oscuro y unos diseños entre lo cuestionable y lo original, no apela a todo el mundo. Y, desde luego, que todos hablen en perfecto inglés americano es, definitivamente, una decisión.
Oh, yes, the adventure awaits, Telémaco
Ni siquiera pongo en duda a Nolan cuando afirma que La Odisea “no es una historia, sino LA historia”… pero si escuchas el tráiler, nadie suena como salido de Ítaca. De hecho, parece, como decía un espectador, que han salido de un edificio de Nueva York y se están tomando un Starbucks tranquilamente. Incluso Tom Holland y Robert Pattinson, que son ingleses, hacen todo lo posible por sonar americanos. No es casualidad, y hay un motivo tras ello.
Y obviamente, los fans se están mofando a gusto en redes sociales, con comentarios como “Han dado en el clavo con el acento de Boston de Odiseo” o “Ese ‘My dad is coming home’ esta tan fuera de lugar en una película de espadas y sandalias con esta intensidad”. Es normal, sí, y estamos todos acostumbrados a que en las películas americanas ambientadas en otros países (empezando por Ben-Hur, sin ir más lejos) se hable inglés, pero es un tópico que ya debería estar solventado.
A estas alturas, solo queda cruzar los dedos para que, al menos, hagan como en El último samurai y ofrezcan un inicio en griego para después cambiar al inglés, como diciendo “Esta historia debería estar en este idioma, pero no confiamos en que la gente vaya a leer subtítulos en Estados Unidos”. Tiene razón, claro: el público americano es, por lo general, vaguísimo. Probablemente es la mejor elección posible para una película de 250 millones de dólares, pero aún así, es inevitable pensar que tiene que haber otra manera. Nolan o no Nolan, esto es pura vagancia.