Sung Kang, una de las caras más reconocibles de la saga Fast & Furious por haber encarnado a Han Lue, ha admitido hoy que la franquicia quizá “perdió el rumbo hasta cierto punto” y ha dejado claro que le gustaría ver cómo la película final vuelve a conectar con lo que fue al principio.
Sus palabras llegan en un momento delicado para Universal Pictures, que sigue dándole vueltas a cómo poner punto final a una de las franquicias más rentables del cine comercial reciente, al tiempo que intenta responder a una discusión que lleva años creciendo entre fans y crítica.
La idea de volver a lo básico tampoco parece salir de la nada. Varias informaciones recientes, todavía sin confirmación oficial, señalan que la última película principal de la saga, que estaría desarrollándose con el título Fast Forever, se estaría planteando como una entrega más pegada a la esencia original y con un presupuesto bastante más contenido, alrededor de 200 millones de dólares. Eso la dejaría muy por debajo de los cerca de 340 millones que distintas estimaciones han atribuido a Fast X.
Si ese plan termina confirmándose, encajaría bastante bien con lo que plantea Sung Kang.
Lo que defiende el actor es un regreso a los elementos que hicieron que tanta gente conectara con la franquicia desde el principio: coches, subculturas muy marcadas y personajes unidos por una idea de familia elegida. Y no es poca cosa que lo diga precisamente alguien que dio vida a Han Lue en The Fast and the Furious: Tokyo Drift, una entrega que con los años ha acabado ganándose un estatus de culto entre muchos seguidores por su relación tan directa con una escena automovilística concreta y por su apuesta por las carreras callejeras.
Para una buena parte del público, The Fast and the Furious: Tokyo Drift sigue siendo la película que mejor resume el lado más auténtico y más específico de Fast & Furious. Han Lue, por extensión, ha terminado convertido en un símbolo de aquella etapa más pegada a la cultura del motor que al espectáculo llevado al exceso. Kang también ha contado que su trabajo en la película independiente Drifter le sirvió para reconectar con la comunidad del automóvil, y que esa experiencia le hizo recuperar sensibilidades que le gustaría ver reflejadas en el cierre de la saga.
La discusión sobre hacia dónde fue realmente la serie viene de lejos. El gran punto de giro llegó con Fast Five, cuando la franquicia dejó atrás buena parte de su ADN de carreras callejeras para abrazar una fórmula mucho más volcada en la acción y en los atracos a gran escala.
Y funcionó.
Según los datos de taquilla disponibles, la saga ya ha superado los 7.000 millones de dólares en la taquilla mundial, mientras que Furious 7 y The Fate of the Furious pasaron cada una de los 1.000 millones. Aun así, Fast X tuvo una recepción crítica desigual y, aunque rindió bien en cines, no se acercó a los picos más altos de la marca. Eso reabrió la conversación sobre la conveniencia de bajar revoluciones, reducir la escala y recuperar una identidad más clara, más reconocible.
La cuestión pesa todavía más por el vínculo emocional tan fuerte que el público mantiene con estos personajes, un vínculo que se intensificó después de la muerte de Paul Walker.
Aquí no está solo en juego cómo cerrar una saga gigantesca, sino qué versión de Fast & Furious merece quedarse con la última palabra. Por ahora, sigue sin saberse cuál será exactamente el enfoque de la película final.